sábado, 3 de septiembre de 2016

De putas y prostitutas




Vaya por delante que soy persona poco versada en estos temas, pero dado que algunos telediarios han dado como noticia la caza de prostitutas por las Ramblas de Barcelona habrá que hincarle el diente, por supuesto que al tema.

         Sin cogérmela con papel de fumar, es cierto que no es agradable a la vista los paseos en busca del cateto fornicador que se dan las prostitutas por todas las calles de Europa, incluida España, y el mundo mundial, pero si ello no es grato tampoco lo es que a los polis les dé, por orden de sus jefes, la maníaca medida de emprenderla con ellas o con ellos que, dadas las circunstancias, cualquiera sabe si se acierta a la hora de la elección.

         Ya decía que no soy ducho en la materia, pero creo que la prostitución no está penalizada por las leyes españolas, digo lo anterior porque si estoy equivocado en mi apreciación ya pueden dejar de leer este pecaminoso copo.

         Es a lo que rodea la prostitución, a saber, la trata de blancas, los chulos y proxenetas y a las mafias que provienen desde todas partes a las que hay que meterles un puro sin considerar el tamaño del mismo; pero a ellas,  a esas pobres mujeres que exponen su cuerpo al follador de turno para llevarse un tanto por ciento del trato realizado, es vergonzante que la traten como a bestias.

         O bien se prohíbe la prostitución o bien se reglamenta con todas las de la ley, no sea que salga Jesús, el de Nazaret, y diga aquello de que “el que esté libre de pecado lance la primera piedra” o nos aparezca un Clint Eastwood  que, como en “Sin Perdón”, un clásico del cine obligado a ver, se convierta en el defensor de las prostitutas que son apaleadas.

         De la prostitución de lujo hay silencio total. No molesta, no se sabe, no contesta. Y de las putas nadie habla, porque digo yo que habrá que diferenciar entre putas y prostitutas, ésta venden su cuerpo y las otras, putas a secas, se acuestan con el que les da las ganas porque sí.

         Y ya para terminar el pecaminoso copo, me pregunto que si la mujer es dueña de su cuerpo para abortar libremente porque no va a ser dueña para venderlo al mejor postor.

         Dejen en paz a las prostitutas y a las putas porque también de ellas es el reino de los cielos.

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