martes, 27 de septiembre de 2016

Colón, el 12 de octubre y las CUP




Sin prisa alguna iremos observando las grandes aportaciones que los nuevos protagonistas de la política española incorporarán a la ciudadanía para que esta alcance la felicidad perdida.

         Mi fastidiada vista, ha quedado hoy sorprendida por la incorporación que las CUP -esa formación de la izquierda anticapitalista catalana cuya auténtica líder, Anna Gabriel, la que lucha porque los hijos sean educados en tribus- desean hacer para que los barceloneses se sientan orgullosos.

         Dicha formación ha introducido en el orden del día del próximo Pleno del Ayuntamiento, previo al 12 de octubre, que la corporación retire la gigantesca estatua de Cristóbal Colón que se encuentra entre el Puerto y la Rambla para que sea sustituida por una alegoría monumental sobre la resistencia de los pueblos indígenas a ser masacrados por los déspotas y asesinos españoles; en caso de aprobación por el Pleno del Consistorio, todo es posible actualmente, me preocupa algo que se va a hacer con el monumento mencionado.

         Junto a este punto, han insertado también que “ipso facto” se retiren todas las banderas españolas y símbolos monárquicos que ondeen en los edificios públicos de la ciudad de los Pujol y compañía; es posible, ya que las CUP es una pieza importantísima en el nuevo amanecer de la próxima república de Catalunya, que ambas proposiciones sean aprobadas por el Ayuntamiento que regenta la muy noble Ada Colau, señora llamada a más altos honores.

         Hasta aquí digamos que pasable, pero que las CUP hayan pedido que el emblemático y misterioso 12 de octubre sea declarado día laborable es de una mofa insoportable para este pueblo, sea español o catalán, que une como nadie un par de fiestas salpicadas para crear “puentes” de felicidad suprema, y es que jugar con ese día memorable en que durante años ha sido festivo bajo los epítetos, según régimen al canto, de Día del Pilar, de la Guardia Civil, de la Raza, de la Hispanidad o, en el tiempo que corre, de la Fiesta Nacional (no confundir con la “fiesta” de los toros) me parece un craso error de apreciación.

         Que el dios del señor Iceta, al que habrá que seguir implorando, nos ayude en estos tiempos de perversión.

  

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