lunes, 29 de agosto de 2016

Sin asombro alguno




Una persona está acabada cuando carece de asombro, o sea, de la mínima capacidad de alterar su estado de ánimo ante cualquier estímulo proveniente del exterior; no digamos ya del propio interior.

         Pedro Sánchez, líder de este agónico PSOE que padecemos, es un político que parece incapacitado para abrir los ojos un poquito más de lo normal y exclamar un ¡oh!

         Cualquier político puede decir barbaridades, entre otras cosas para eso sirve esencialmente el aforamiento que les beneficia; pero lo que es impropio de un hombre dedicado a que la palabra sea su herramienta de trabajo es ir proclamando insultos a la palabra, al diálogo.

         Puede decir las veces que lo desee NO a la investidura de Mariano Rajoy, que tonto como un ceporro o listo como un zorro, vaya usted a saber, va a una y mil veces a intentar dialogar con él sobre el significado de dicho morfema y todas las veces sale trasquilado o envalentonado porque puede ir arañándole algún que otro voto.

         Esta mañana, a la magnífica hora del vermut, se han reunido ambos durante unos veinte minutos para seguir con ese triquitraca que se traen los dos respecto a buscar el apoyo necesario para ser o no ser presidente de todos los españoles; finalizado el carnaval, ambos han dado la cara delante de la prensa y es ahí, delante de la canallesca y del pueblo español que, aburrido, atiende a estos numeritos, donde Pedro Sánchez se ha suicidado políticamente al decir: “ya saben ustedes que he mantenido una reunión, prescindible por completo, con el señor Rajoy”.

         No acuda, pues, señor Sánchez, a ella, si usted sabía que no servía para nada haga el favor de no tomar el pelo al pueblo español que pudiera estar preocupado por la ingobernabilidad de Mariano; si usted, líder de opinión, no cree en la palabra, en el diálogo, en el asombro o en el atisbo de la sorpresa es que no está usted preparado para parlamentar, sí para atizar.

         Lo mejor es que deje su actual profesión.

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