viernes, 26 de agosto de 2016

El político más valorado de España




Si ustedes leyeron de buena o mala manera quién es el político más valorado de España se encontrará que el señor en cuestión es Joan Baldoví de Compromís, mientras Rajoy sigue a la cola de la ristra de chorizos.

Durante un gran cantidad de años, el campeón fue el catalán, líder de Unió Democrática, Durán i Lleida que, hoy por hoy, ya no existe en la escena política y del que nada se sabe. Habría que preguntarse los criterios que usan los expertos para llegar a estas conclusiones que parecen tan alejadas de la realidad.

         Pues es muy fácil tal como podrán comprobar; los encuestadores perturban la tranquilidad de los ciudadanos presentándoles una relación de todos los líderes políticos de los distintos partidos para saber del grado de conocimientos que tienen de ellos; respecto al señor Baldoví sabían de su existencia el 12% de los encuestados, mientras que el 88% no tenían ni pajolera idea de que viviese; y preguntándole al 12% restante sobre una puntuación entre 0 y 10 respecto al señor Joan, cerca de cuatro ciudadanos aprobaban su gestión por lo que se le considera el más valorado con un 4 de nota; claro es que don Mariano es conocido por el 100 por 100 y por lo tanto el número de enemigos es inmensamente mayor.

         De ayer a hoy ha saltado a la palestra José Antonio González Gil, alcalde de Tabera de Abajo (Salamanca), municipio de 110 habitantes, que durante una partida de dominó -algo así como una especie de Pleno Municipal-, él y sus compañeros de juego, todos ediles, han decidido no conformar la Mesa Electoral en el remoto caso de que se celebren las terceras elecciones el próximo 25 de diciembre, pues durante las fiestas navideñas se dobla el número de habitantes con la afluencia de hijos, sobrinos y demás familiares para pasar el día del turrón como Dios manda, o sea, en familia.

         Y claro como resulta que no los votantes, pero sí los integrantes de la citada Mesa están obligados a permanecer en sus sillas de ocho de la mañana hasta la finalización del escrutinio, salvo causas mayores para tener que acudir al excusado, se perderían el buen rollo familiar de tan señalado día.

         Así, tan fácil, se da inicio a una revolución.

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