viernes, 29 de julio de 2016

Superando a Groucho y Cantinflas




Vicioso político que es el menda pues me tragué ayer diez horas de política de alto voltaje a pesar de que hoy, por cuestiones médicas, tenía que, y así lo he hecho, despertarme a las siete de la maldita madrugada para acompañar a la “pastora” a recoger unos análisis con visita médica incluida; vaya por delante que está como una perita en dulce aunque su memoria, y eso es bueno mientras yo posea mis cuatro neuronas en buena forma, se encuentre altamente deteriorada.

         Dicho lo anterior que ciertamente es lo más importante, paso a ofrecerles mi punto de vista sobre lo acaecido en la gira que los cuatro grandes de España, de los cuales dependemos por desgracia, hicieron a Felipe VI para ver la forma de poner el “motor” de la democracia, según Sánchez, en acción.

         Albert, chaqueta y corbata, contaría a SM que la gente le había mandado a la oposición y que, desde allí, realizaría en la medida de lo posible lo mejor para este conjunto de seres llamados españoles. En su rueda de prensa, tras señalar su veto al gallego, disertó sobre la abstención técnica y de su deseo de servir a la ciudadanía desde su mermada bancada.

         Pablo, vaquero e inmaculada camisa, relataría al “ciudadano” Felipe que no contaba con apoyos necesarios para asentarse en la Moncloa y que por ello su lugar era la oposición para ayudar a la gente, incluido Monedero y Echenique, entre otros.

         Pedro, mandíbula desencajada, optó por chivar al Rey que su fatal destino era la oposición y, convirtiéndose en director de orquesta de la lógica rueda de prensa, volvió a explicar su doctorado político en su ya famoso y repetitivo NO, y anduvo poco sonriente con la canallesca.

         Rajoy, enterado ya con la noticia de que todos sus adversarios habían decidido largarse a la oposición fue el que lo tuvo más fácil ante el Borbón por lo que le dijo que dado el deseo manifiesto de no gobernar por parte de los demás, a él le estaba dando un gustirrinín  por volver a tomar las riendas del gobierno, por lo que el hijo de Juan Carlos I le otorgó el “nihil obstat” y salió más contento que unas pascuas.

         Lo jodido, que se puede dar, es que el trío Calavera en el día de la posible investidura del Registrador, falten a la palabra dada al Jefe del Estado y envíen a Brey a la maléfica oposición; en cuyo caso, si la diputada canaria no lo evita, iríamos por tercera vez a las urnas.

         Pues bien, nos lo merecemos.




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