domingo, 31 de julio de 2016

El éxodo de agosto




“… ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición descansa…”, es una parte de la letra de un maravilloso tango del siempre inolvidable, por presente y tristón, Carlos Gardel.

         Hoy, tras la diáspora de millones de veraneantes que van y vienen (cosas de la crisis), podemos también entonar este maravilloso tango porque el músculo duerme, aunque debemos recordar que la ambición sigue trabajando al por mayor.

         La euforia, bendita ella, que, por unos momentos nos ha hecho olvidar que la canina, al igual que en el tango se cierne sobre los campos de Francia, está al acecho de usted, de mí y de nuestros hijos e hijas por estos páramos de España.

         Hoy nos llegan dos noticias contradictorias. Por un lado nos aseguran, no me fío ni de mí, que cerca de cien mil españoles se han acercado a ganar el pan con el sudor de sus frentes, bien de camareros o espeteros, y, por otro lado, esto sí me lo creo a pies juntillas, buena parte de los españoles está echando mano a la calderilla de sus ahorros porque la miseria del jornal no da para los treinta días del mes por excelencia de las vacaciones, aunque alguno, pasada la primera semana, dirá “como en casa en ningún sitio”.

         La ambición, pues, sigue trabajando a mansalva; y así el aburrido Mariano Rajoy, que tiene cierto trabajo durante este verano, nos avisa, y eso es de agradecer, que quizá tenga que pisar el pedal del afilador de tijeras durante este verano que es, si la gente tiene parné para pasar quince días en una playa con la nevera a cuestas, el tiempo tonto para que, mientras el bronceado embellezca la epidermis de ellas, porque el resto, ellos,  no tienen nada que hacer, él, Mariano, si el dúo Pedro y Albert sigue jugando al escondite con malas artes, nos queme hasta las entrañas con la aquiescente sumisión de la muchachada del PP que todo lo ve lógico

         Buen agosto para los agraciados, pues un servidor, si no lo remedia nadie está condenado a tragar “agua de fuego” en El Gran Vía de mis amores y a vivir y freírme en la Feria de “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” a mediados del presente mes.

         Tal vez ni la pise, y la viva dentro de El Corte Inglés a 23º centígrados.

         Suerte durante el éxodo.



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