martes, 12 de julio de 2016

El disparo



Tal día como hoy,
hace diecinueve años escribía,
el siguiente “copo”

“Con una hora de retraso se ha producido el disparo, el dedo asesino ha apretado el gatillo y España, concretada en Miguel Ángel Blanco, ha entrado en coma.

         Los lazos azules han trazado perfiles de luto, la venganza ha sido cumplida y el terror ha instalado su reino. Un frío julio ha invadido los campos de Euskadi y un solo disparo ha silenciado los millones de gritos que pedían, más que libertad, vida.

         Estoy escuchando noticias sobre el disparo. Son las 19:10 horas de un sábado que he vivido, estoy viviendo con intensidad, con la misma que a esta hora el joven Miguel Ángel estará poniendo para salir del ámbito de la muerte.

         La frenética emisora entrevista a unos y otros, a políticos y hombres de iglesia, yo, mientras tanto, tecleo la columna. Unos piden tranquilidad y otros, oraciones. Ni estoy tranquilo ni elevo oraciones. Estoy escribiendo a impulsos.

         A través de la pantalla he visto y escuchado a los vecinos de Ermua, andan a gritos pidiendo paredones para los asesinos, claman un no rotundo al silencio, quieren acción inmediata; sabe lo que quieren, pero no saben contra quién.

         No ha pasado más de seis horas desde que en Bilbao, más de medio millón de personas ha paseado un aliento de esperanza, un deseo de que el disparo no se llevara a efecto, pero el asesino material, el que ha curvado su dedo alrededor del gatillo, lo tenía todo preparado, su sangre había pasado con anterioridad por un frigorífico, el corazón envuelto en papel estraza, hizo de Miguel Ángel un fardo humano y algunos millones, seguro, puestos a buen recaudo. Dispara. Pone el coche azul oscuro en marcha. Sintoniza la radio, enciende un cigarro y escucha el otro impacto: el que ha producido en la opinión pública. Se regodea en su acción, sonríe.

         La sociedad vasca está en peligro, dos orillas y entre ellas comienza a surcar el río del odio. Se está construyendo un conflicto más serio, la venganza puede tomar carta de ciudadanía que recorra con normalidad sus calles y barrios.

         Envío el artículo por fax al periódico, quizá rece. Miguel Ángel sigue en estado de coma en estos momentos.

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