sábado, 11 de junio de 2016

Los populismos, las crisis y la poesía





         Los populismos crecen y se multiplican como hongos cuando la crisis hace estragos en la sociedad formalizada a través de partidos políticos y estos, los partidos, son declarados por la “gente” como los auténticos enemigos del pueblo.

         El populismo no es exclusivo de Venezuela que tuvo y tiene su crisis, o de España que también la padece, no digamos de Grecia que es en ella tierra fértil, o en aquella Rusia de los zares, para qué recordar a Italia y Alemania durante los años 30 en el que,  disfrazado bajo los nombres de fascismo y nacismo, nos sirvió la II Guerra Mundial; no, el populismo avanza en la actualidad por toda Europa y ha clavado sus raíces en Italia, Francia, Austria, Inglaterra, España, etc.

         La exclusión de las tradicionales luchas de clases entre derecha e izquierda, liberalismo y socialismo, ha dado paso, ahora más que nunca, al arriba y abajo, a la gente como concepto de pueblo; es el momento de los mesías, salvadores, la alegría y la sonrisa, el “sí se puede” como aventura de lucha contra la “casta”; es llegado el momento de cambiar a Marx por Olof Palme y de construir, bajo el paraguas de la crisis, un movimiento no comunista, no socialista, no liberal sino una nueva “socialdemocracia” que sirva de pretexto para unir, al monótono ritmo del tic-tac, a todos los que deseen apuntarse bajo la batuta mesiánica.

         Y ya no importa si el teniente general es antimilitarista o si el ex fiscal anticorrupción olvidó su condición o si el líder jornalero y revolucionario dejará la ocupación de fincas de la gente de sangre azul, ya nada importa, porque ha llegado el momento de la redención de nuestro pueblo y de todos los pueblos del mundo, y la poesía nace esplendente como arma transformadora de la realidad y así podríamos decir: “Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!

         Claro que el entrecomillado último fue pronunciado por José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, antes de que los nuevos populistas hablasen de la fuerza transformadora de la poesía en la política.

         Así son algunas cosas.


www.josegarciaperez.es

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