domingo, 19 de junio de 2016

Los católicos y el Guadiana




Existe un organismo, no sé si religioso o no, que se ha dedicado a encuestar a la población española sobre la religión a la que pertenece. Vaya por delante que esto de los sondeos tiene su morbo especial, personalmente tengo que confesar que jamás he sido encuestado oficialmente por nadie; extraoficialmente en muchísimas ocasiones.

         Soy de los que creo que no existe lugar más adecuado para encuestar que el ascensor del bloque de pisos donde uno vegeta. La mayoría de los vecinos saben, sabemos, de que leche somos cada uno, a veces con observar la ropa tendida que puebla el ojo de patio es suficiente para llegar a conocer la más estricta intimidad. Pues bien, todos los que coincidimos en la caja que sube y baja somos católicos a nuestra mejor manera y forma de entender los entresijos de la religión católica.

         Sin embargo, los expertos en sondeos, tras publicar el resultado de la encuesta religiosa le han colocado el siguiente titular: Los católicos aparecen y desaparecen más o menos como el Guadiana.

         Según los datos, el pasado mayo se declaraban católicos el 76% de la población y en los meses de enero, febrero y marzo del año en curso los resultados han sido los que siguen: 76,5%, 72,7% y 74%.

Dado que casi siempre, a excepción de las macroencuestas que realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas, existe un error de más o menos un 3%, podríamos afirmar que el núcleo católico mantiene su intensidad. Ahora bien, cuando el experto pregunta al encuestado si asiste a misa los domingos y fiestas de guardar, el número desciende a un 16%.

         Lo más importante del sondeo, opinión muy personal, es que la gran mayoría de los españoles no abjura de su fe, aunque ésta, la fe, puede adquirir aspectos bien diferenciados, a saber, católicos a secas, beatos, practicantes, creyentes o simplemente cristianos.

         Dado que un servidor no puede opinar o escanear la fe de ustedes, les cuento mi progreso en ella: cuando chavalín fui Tarsicio distinguido, de joven un “bala” de mucho cuidado, pasado el tiempo me encontré con el mensaje evangélico que me hizo “pupa” de verdad y ahora, lo que son las cosas,  creo “en que debe haber algo” y por tradición familiar en la Virgen del Carmen.

         No está el día hoy para hablar de los otros sondeos, ya saben.



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