lunes, 6 de junio de 2016

La hucha de las pensiones




Ahora “la hucha de las pensiones” se ha convertido en uno de los grandes temas de la campaña electoral. Todos acusan a Mariano Rajoy de meter la mano en dicho recipiente para pagar al gran ejército de pensionistas, al que me honro en pertenecer con la graduación de teniente,
las catorce pagas anuales.

         Y digo yo, para qué si no sirve semejante hucha sino es para echar mano de su liquidez en momentos de carestía como el que estamos padeciendo. Que me digan, sin faroles de por medio, qué hubiesen hecho otros mandamases en tan delicados momentos; tal vez, por ejemplo, lo que ha realizado el griego Alexis Tsipras, primo hermano de Iglesia y Garzón, o sea, reducir un 30% la limosna, grande o vergonzante, de los que se sientan en los bancos de los parques y ayudan a sus familiares a ir sobrellevando esta cuesta que parece no llegar nunca a su fin.

         Pues un servidor, y no me duelen prendas decirlo, estoy pero que muy requetecontento con cobrar el sustento que me corresponde; sé que nos ha subido una miaja de un uno por ciento, vamos, que hemos perdido con la subida de impuestos poder adquisitivo, pero vamos tirando y con nosotros buena parte de los nuestros; peor, pucho peor se portó Zapatero cuando nos metió en el congelador y se largó tras aprobar con alevosía y nocturnidad la reforma del artículo 135 de la Constitución en compañía del PP.

         ¿Ustedes o sus hijos y nietos han gozado alguna vez de tener una hucha de las antiguas de barro?, lo digo porque ahora lo que existe, si es que tienen algo de calderilla, es abrir una cartilla de ahorros para los “peques”, y ellos no escuchan el tintineo de las monedas como lo hacía el menda cuando introducía las perras gordas, los reales y las pesetas -¡ay las pesetas¡- en ella a través de su ranura.

         Y qué felicidad la mía, cuando poniéndola boca abajo deslizaba, a través de un cuchillo, algunas monedillas para comprar el prohibido cigarrillo; pero disfrutar, lo que se dice disfrutar, cuando la rompía en mil pedazos y compraba aquello para lo que ahorraba.

         Señores políticos y políticas: el fin primordial de las huchas es hacer uso de su contenido cuando nos haga falta; inventen e incorporen a sus programas las medidas necesarias, o sea, impuestos, para que la hucha de las pensiones se revitalice, usemos de ellas y dejen de decir polladas (con perdón de puros y puras).


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