viernes, 27 de mayo de 2016

Y de política, nada de nada




Y yo que creía saber algo de política, me topo con la increíble realidad de ser un ignorante de la misma; no es que me avergüence de tal cuestión, pero sí es cierto que me voy sintiendo desplazado del ramillete de conocidos con los que pasaba ratillos de amena charla sobre la cuestión.

         Lo anterior no quiere decir que me haya instalado en una desierta isla donde no desee saber nada de lo que parece preocupa al personal, no es esa la cuestión, no, sino la matraca repetición del siempre decir lo mismo y escuchar, cuando no oír, idéntica canción: que si la derecha o la izquierda, lo viejo y lo nuevo, los hundidos y los emergentes, la corrupción y la justicia, Valencia y Madrid, rojos y azules y, cómo no, la maldita guerra civil española del primer tercio del siglo XX.

         Ya está bien, me digo una y otra vez; que si me planto en Venezuela para arreglar lo de Maduro, que si el PP está podrido por la corrupción del Bigotes, Correa, Rita, Granados, etc., que si el PSOE le pone una vela a dios y otra al demonio sin saber a ciencia cierta quiénes son los personajes que se atribuyen semejantes personajes, que si Podemos es la peste bubónica mientras sigue, según sondeos, acumulando voluntades, y tres veces seguidas etcétera, etcétera y etcétera.

         Y ahora surge como novedad que el PP valenciano vende participaciones de lotería para sacar alguna calderilla y plaf, llega la Sexta acompañada de la Cuatro, Antonio y Javier, y toma del frasco Carrasco que te doy donde ya no duele, en el flagelado costado de la corrupción. Y, para más inri, el ejército del PP parece que, siempre según encuestas, sigue engordando el talego de los votos porque, según me comenta mi vecino del quinto piso en la nada del ascensor: más vale malo conocido que bueno por conocer.

         La Lotería, uf, qué negocio y forma de obtener dinero casi negro y a veces negrillo del todo cuando por un décimo las hermandades, cofradías, colegios, peñas, movimientos cristianos y ateos venden participaciones con el veinte y, a veces, treinta por ciento de recargo, mientras el paciente vendedor ambulante de la misma cobra un diez por ciento al cliente que anda soplándose una fresca cerveza acompañada de unas gambas que saltan de frescas.

         Hablad del amor, malditos.

         NOTA. De un tirón nació este Copo, o sea: quince escasos minutos.

www.josegarciaperez.es

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