lunes, 16 de mayo de 2016

Un domingo muy especial




Tengo un amigo que lo está pasando mal, muy mal física y psíquicamente; lo quiero a rabiar porque además de ser un tesoro -un amigo- es una persona buena que realiza el sencillo trabajo de hacer el bien allí por donde pasa.

         Nos conocimos hace muchos años viviendo una experiencia vital en la búsqueda del “nacido en Belén”; a tal fin tuvimos que desbrozar la hojarasca con la que alguna institución vela su auténtico rostro hasta llegar al cogollo real de su mensaje: la hermosa humanidad de su mensaje. Creo que lo conseguimos, aunque nos costó lo no escrito; después nos dedicamos a proclamarlo por todas partes y fuimos auténticamente felices.

         La vida y sus diferentes derroteros nos hicieron alejarnos y acercarnos a Él, pero ya y para siempre, a veces a tope y otras de refilón, intentamos que su mensaje formara parte de nuestros quehaceres más normales; y así hemos y seguimos caminando y queriéndonos con una tensión hacia la verdad.

         Otro amigo de la misma forma de ser pensó que debíamos verlo el pasado domingo para vivir una eucaristía de las de antaño, o sea, normal, humana y muy parecida a la que vivió el “hombre con mayúsculas” antes de despedirse de los suyos, sus amigos; para ello recurrimos a un hombre sagrado, o sea, un hombre que conoce bien la palabra humana del que “pasó por este mundo haciendo el bien”, y junto con nuestras respectivas compañeras fuimos a su encuentro para compartir una migaja de pan y un sorbo de vino al tiempo que intentamos descubrir que la paz, bendita palabra, puede llegar de forma comunitaria a tender su tienda de campaña y acampar entre nosotros.

         Y acampó, vaya si acampó, y dentro de la gravedad del encuentro nos sentimos reconfortados con palabras, sonrisas y lágrimas que no tienen cabida en los programas de los partidos políticos que prometen la felicidad.

         Quiero y deseo creer que seguiremos viéndonos y queriéndonos como tantos viernes que nos reunimos para alimentar nuestra amistad con otros panes y bebidas y alguna que otra partida de póker.

         Fue un domingo de celebración de la amistad, la paz y la esperanza; sé que he derrotado en este “copo” a un tema poco usual; pero con seguridad que es el de más intenso contenido de todos los escritos hasta el día de hoy.


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