miércoles, 6 de abril de 2016

Silencio: se rueda




 ¿Qué va a pasar con la próxima sesión de investidura si es que la hay? ¿Será posible un acuerdo entre PSOE, Podemos y Ciudadanos? ¿Está Rajoy sentado en la puerta de La Moncloa a la espera de ver pasar los cadáveres de sus enemigos? ¿Es cierto que el difunto “pajarito”, señor Chávez, entregó unos millones de euros a Iglesias, Monedero y al converso Jorge Verstringe para importar a España la revolución bolivariana? ¿Qué habló Sánchez, Pedro, con Tsipras, Puigdemont y Junqueras? ¿Realmente Ciudadanos quiere ministros en un hipotético Gobierno con Pedro? ¿Quién puede obligar a Esquerra y a la antigua Convergencia a que no se abstengan, si les da la republicana gana, en una hipotética sesión de investidura? ¿Y si desean votar SÍ, quién se lo puede impedir? ¿Influirá la  entrega de cuatro senadores a Esquerra y exconvergentes en el voto de estas formaciones políticas?

         Estas y un sinfín de preguntas más tienen difícil contestación, de manera que hoy me comprometo a no contestar a ninguna de ellas y dejo, un servidor es generoso, a facilitar tan divertido entretenimiento a mis ocho lectores reconocidos.

         A pesar de todo, cuando han transcurrido unos pocos de días del paseíllo por la Carrera de San Jerónimo, deseo volver la vista atrás y reírme un rato largo del numerito de marras.

         Se miran ambos, Pedro y Pablo, se estrechan las manos y Pablo obsequia a Pedro con un lindo libro que trata sobre baloncesto. Pedro lo ojea y le agradece el gesto ante una nube de reporteros. Pasean, de forma displicente y en mangas de camisa, camino del Congreso de los Diputados para sellar que van a entablar unas conversaciones y ponerse de acuerdo en la conformación de un Sanedrín que nos gobierne. Posan ante las cámaras, y el repiqueteo de clics se cuela por el Pasillo de los Pasos Perdidos.

         Anterior a esa payasada, Pedro y Albert, ambos con chaqueta y corbata, la clase es la clase, ya habían hecho trabajar a periodistas en el instante de la fastuosa firma de ambos líderes.

         España, es un decir, asiste atónita al futuro inmediato de sus gobernantes, mientras Alberto Garzón presentará una querella criminal contra Mariano Rajoy, al que llama “dictador temporal”, por el Acuerdo de la Unión Europea y Turquía en materia de refugiados.

         ¿Qué desean ustedes que les diga?, pues que yo me refugio en los bucles sueltos de la poesía, y entre ellos me deslizo buscando otra visión de la vida; visión que no coincide con la de Bódalo, el “niño yuntero” de Miguel Hernández que dijera Teresa, la novia podemista del Kichi.

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