jueves, 21 de abril de 2016

Por ello se oye esta canción




Vamos que nos vamos porque ya está bien de leer esta “jartá” de gilipolleces que se desparraman sobre España, incluidas las Islas Canarias.

         Ahora resulta que la alcaldesa de Barcelona, la excelentísima señora Ada Colau, le ha hecho la peineta a un grupo de chavales que, constituidos en Asociación, ha solicitado a la jefa de la casa del pueblo de los barceloneses permiso para instalar una pantalla gigante, en un lugar de la capital que fuese un primor de tolerancia, para que libremente el que lo desee pueda ver a la selección roja si se clasifica para la final europea de fútbol

         Que no mujer, que no, que esto no es así, que hay que ser tolerante y permisiva a la hora del optimismo para que el corazón se abra de par en par y acoja con simpatía el difícil, pero no imposible, grito de “campeones, campeones”, y más si en dicha selección figurarán, casi con total seguridad, jugadores como Iniesta, Busquet, Piqué, etc., del Barça.

         Que el personal, amiga Colau, tiene derecho a fogar y expresar sus sentimientos en forma de pasión, con colores rojo y gualda y el ondear de banderas españolas y senyeras a poniente y levante; que mira, querida alcaldesa, que al pueblo no se le puede tener acojonado una y otra vez, que si salgo o no en los papeles de Panamá, que si los tampax hay que cambiarlos por porosas esponjas marinas o si el padrenuestro hay que rezarlo como la poetisa de marras.

         Y más allá de la Península, allá por Canarias, una compañera diputada de mareas y confluencias va y coloca en el actual circo de los leones de la Carrera de San Jerónimo una proposición no de ley para que no quede resquicio caqui, militar por supuesto, en esas afortunadas islas que la OTAN protege y que la Constitución Europea reconoce.

         Que estamos algo tarumba ya se sabía desde hace tiempo, pero que lleguemos al suicidio de la media verónica, a la impasibilidad de ser lo que somos y a la idiotez de aguantar el asalto a la nada es demasiado.

         Y para colmo de la hipocresía, nos viene ahora “el Kichi de Cádiz” y recibe al Presidente de Gibraltar, del contrabando y del paraíso fiscal, y lo hace con honores y pompas.

         Que España comienza a ser la leche y terminará siendo lo que no se merece.

         Dicho con el debido respeto.


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