lunes, 25 de abril de 2016

"... pero sobre todo, sé tú"




Es seguro que hemos progresado en todo, pero lo que no tengo nada claro es si también lo hemos hecho en lo axiológico, o sea, en el sistema de valores que dan sentido a la vida.

         Podríamos comenzar por lo general para descender a lo infinitamente pequeño. No sé, por ejemplo, si en la actualidad las personas existimos con metas a conseguir o con un ideal de vida; si en el barco de nuestra existencia tenemos un velamen (metas) enganchado al palo mayor que ponga rumbo a buen puerto (ideal).

         Gozamos de medios que si los usamos bien nos ayudarán a conseguir el Ideal de cada uno de nosotros; claro que cabía preguntar y preguntarse si tienes claro que Ideal es el tuyo o si careces de ese Norte al que deseas llegar, disfrutar y, especialmente, vivir.

         Los valores no son desde luego los paraísos fiscales, la acumulación de riqueza, el deseo de poder, el prestigio y un sinfín de fiascos que pueden ayudar a que nos creamos vencedores de esta existencia, no, los valores podrían ser libertad, igualdad y fraternidad que aunque importantes no dan respuesta adecuada a aquella frase de Chaplin cuando decía: “Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú.”

         Creo que todo comenzó a cambiar no cuando se inventó la penicilina o descubramos la vacuna contra los malditos cánceres, sino aquel día que hablando de nuestros progenitores fuimos cambiando los santos nombres propios de “padre y madre” por “papá” y “mamá” para pasar más tarde a los cursilones epítetos de “papi” y “mami”, y finalizar con ese “qué pasa contigo, tío.”

         Hoy, cuando se confunde el al amor con un polvo o el cerebro con el sexo o la familia con una sociedad de compra y venta, se está infringiendo el valor de lo natural para convertirlo en burda prostitución de lo sencillamente humano.

         Cuando en la soledad de un despacho, cerrado a cal y canto, cualquiera puede “navegar” impunemente por el sacrilegio de ver mancillada la inocencia de los pequeños, se está pontificando que el mal goza de un perverso salvoconducto que tiene carta de ciudadanía.

         Los buitres han vencido a los sencillos pajaritos y estos, nuestros nietos y vuestros hijos, se encuentran a merced de un progreso mal entendido; solamente si nuestros “corazones” dejaran de ser puro cartón para convertirse en trozos latentes de humanidad podríamos afirmar que nos mereceríamos ser llamados hombres y mujeres de progreso.



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