sábado, 9 de abril de 2016

Osadía y vergüenza




No me molesta lo más mínimo que podamos volver a votar en unas nuevas elecciones generales; es más, las creo conveniente dado el numerito al que estamos asistiendo en la actualidad.

         Tampoco veo mal que existan negociaciones para intentar conformar un gobierno de coalición en el que los partidos cedan algo de sus ideas programáticas; es hasta conveniente.

         Lo insoportable es el circo al que hemos asistido e ignoro si todavía nos queda algo por padecer, aunque todo parece indicar que el bochornoso pasado sea superable.

         Si fuésemos capaces de analizarlo, me refiero al pasado, sin parcialidad alguna llegaríamos a la conclusión de que todo se debe al “tancredismo” de uno o a la ambición de otro, pero si pusiese nombre al Tancredo o al Ambicioso alguien, tal vez con lógica, pensaría o comentaría que se me ve el plumero; por ello no prefiero hacerlo, aunque ganas tenga y las tengo.

         Pero lo inaceptable son los numeritos que la españolada ha tenido que soportar viendo el surrealismo de los actores, entre los que destaca, sin duda alguna, el señor Pablo Iglesias, líder de Podemos.

         Al haber relatado con anterioridad buena parte de lo acaecido salvo lo ocurrido entre el pasado jueves y ayer viernes -lapsus por motivos galenos-, sí me gustaría dar unos ligeros toques de los lamentables hechos de los citados días.

         Sé que no tiene importancia alguna, pues hasta podría considerarse loable, que Podemos+Ciudadanos+PSOE hayan efectuado un “intento” fallido de aproximación en la realización de ser generosos por el bien de la nación española; es cierto que en este momento el lector puede estar atenazando entrañablemente su bajo vientre y partiéndose de risa; si no el lector, créanme y palabrita de honor que el escribidor de estas líneas sí lo está haciendo en estos instantes. Y no ya por el fracaso obtenido que se sabía de antemano, sino por la manía que les ha dado a estos actores por chupar cámara a coste de la posible inocencia del español de a pie; aunque si hay que decir toda la verdad nadie en ese menester, me refiero al posado ante las cámaras, como “coleta morada” tanto si no aparece, caso del jueves, como si lo hace con más de media hora de retraso el pasado viernes.

         Me descubro ante la osadía mediática de Pablo Iglesias y me rebelo contra la sumisión de la clase periodística ante él.

         Qué vergüenza.


        


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