domingo, 3 de abril de 2016

Justicia a Juan "Petesa"




Juan González León, más conocido por Juan “Petesa” -nombre de las bodegas en las que trabajó- dicen que murió, aunque su obra, humilde y grande, permanece.

         Siempre fue un hombre bueno, pero un día transformó la bondad en santidad y ya sólo vivió para los demás, los demás eran gentes de edad, los de la tercera le llaman ahora, pero él los identificaba como mayores o “sus” viejos.

         Un hombre se transforma en otro hombre cuando anida en él esa palabrota griega que se conoce por “metanoia”, que no es otra cosa que el cambio de mentalidad, darle a la vida la vuelta igual que se le da a un par de calcetines, pero son pocos los que lo consiguen; creo que solamente los elegidos por el Misterio del Amor.

         Dos vivencias de “Petesa” pueden hacer ver al lector más que mis torpes palabras.

1ª) En cierta ocasión, cuando yo andaba por los andurriales de la política, “Petesa” me pidió que estudiase la posibilidad de entrevistarse con Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno, pues quería hablarle de “sus” viejos.

Lo conseguí y fui testigo de excepción del encuentro entre el político y el santo. Pasados unos días, Suárez, en uno de esos ramalazos que tenía de cercanía me comentó la impresión que le había causado Juan; impresión claramente política, “hombres del estilo de Juan, querido Pepe, es lo que quiero para UCD”; anda que no era listo el de Cebreros.

2ª) Unos días antes de morir el santo -él sabía que la parca estaba cercana- Ramón Buxarrais, obispo de Málaga, con contados amigos, celebró en casa de Juan una eucaristía y creo que no fue Juan quien se confesó con don Ramón, sino el obispo con el bueno de Petesa.

Pues bien, cuando la Ley de Dependencia no existía y las subvenciones a la tercera edad eran desconocidas, Petesa se dedicaba a que sus amigos y conocidos, creo encontrarme entre los primeros, le dieran pasta para sus “sus” viejos; pasta que nadie le negó y tampoco nadie le pidió explicaciones de la misma, pues todos nos fiábamos de él.

Paseó a sus abuelos por los confines del mundo antes de que el Imserso iniciara su éxodo particular, creó una Residencia para ellos en calle Fresca -hoy se encuentra en la barriada de Churriana- antes de que la Junta de Andalucía la hiciese suya, pero fue en la Feria, la de agosto, donde concibió una caseta para “sus” viejos que tuvo distintos nombres hasta que las Instituciones, lógicamente, se apoderaron de la idea.
Según escribe hoy Manolo Montes: “Hoy se ha hecho justicia. Tarde. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Han tenido que pasar casi dos décadas desde el día en que nos dejó Juan González León (Petesa). Pero, por fin, la ciudad de Málaga le ha hecho justicia. Una preciosa placita de las afueras de Churriana exhibe en una de sus esquinas un monolito al que va acoplada una placa que recoge su nombre y su foto plasmada en cerámica”.
Si me entero, me alargo hasta Churriana; me cachis. Qué amigos tenía un servidor en aquellos tiempos.



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