miércoles, 27 de abril de 2016

En el principio fue el NO




Los que entienden de mar saben que si se acerca una brava ola lo que hay que hacer es sumergirse en las aguas a la espera que el gran bucle salado se traslade hacia la orilla, pero nunca se enfrentan a ella; más o menos es lo hecho por Rajoy durante la campaña y la famosa, por enclenque, Legislatura que tienes sus días contados.

         Realmente todo empezó cuando el envalentonado Pedro Sánchez le espetó en aquel cuerpo a cuerpo durante la campaña “usted es un indecente” y el gallego contestó “hasta aquí hemos llegado”; hoy, el dos veces derrotado en la investidura, ha cantado la gallina y ha afirmado ante los micrófonos de la emisora de la Iglesia que se arrepiente de lo dicho, pero no tengo claro si ha sido una confesión sincera con propósito de enmienda o el inicio de la ya próxima campaña electoral.

         Declinó don Mariano, delante del “ciudadano” Felipe de Borbón, presentarse ante sus señorías para ser investido como Presidente del Gobierno de España tras una ronda en La Moncloa con todos los líderes de del hemiciclo que, uno a uno, le expusieron que no contaran con su voto, entre ellos, aunque no era imprescindible, Albert de C’s; fue por eso por lo que manifestó a SM el Rey que corriera la lista de candidatos.

         Llamado a consultas el segundo de ellos, Pedro “el arrepentido”, sacó pecho y apechugó con la tarea encomendada solamente con noventa escaños, escasa cantidad para conseguir tan alto cometido, o sea, ciento setenta y seis señorías; el “buen” hombre miró a izquierda y derecha a la búsqueda de los apoyos necesarios y encontró en Ciudadanos una pequeña tabla de salvación cuya medida alcanzaba ciento treinta “centímetros” que no sumaba lo suficiente para salvarse del futuro naufragio; en ese clamor y temor por sacar la cabeza de la ola, viró a izquierda para conseguir la pasividad, abstención, del más ladrador de los diputados actuales, señor Iglesias que, lógicamente le clavó una oronda peineta en los lomos de Sánchez.

         Tímidamente Rajoy proponía la gran coalición PP-PSOE (210 escaños) a la que se podría sumar, aunque no era necesario, el partido naranja; pero he aquí que mientras Sánchez “el encomendado” seguía diciendo “no, no y no y que parte del no es la que no entiende”, Albert Rivera incitaba a los diputados del PP a la rebelión, corte de cabeza político, contra Mariano Rajoy que, por cierto, parecía ser el único, tal vez por pertenecer a la pura casta, que tenía claro que los únicos sumandos posibles eran PSOE y PP.

         Y se acabó la película, pues todos ustedes saben el final aunque el único que ha parecido saber algo de aritmética parlamentaria ha sido Mariano Rajoy que ha hecho realidad ese dicho de Antequera de “verlas venir para dejarlas pasar”.

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