martes, 5 de abril de 2016

El bloc blanco y el verde vaso de Ignacio




Han transcurrido unos pocos de días desde que celebré mi onomástica; lógicamente fui felicitado por familiares, amigos de carne y hueso, y los virtuales de Fb.; quedé debidamente reconfortado.

         Ese día, tras tomar una copa en el Gran Vía, regresé a casa; serían las diez y pico de la noche, no más, cuando tras abrir el portal y encaminar mis torpes pasos al ascensor, escuché que la puerta de acceso era aporreada, volví la vista atrás y comprobé que era mi buen amigo Ignacio que, por edad, bien puede ser mi hijo.

         Portaba entre sus manos un blanco bloc y un vaso verde; algo aturrullado al entregarme las ofrendas, comentó: “No sabía que regalarte y he pensado que estos dos objetos, ya sabes, deben acompañarte siempre”.
Quedé algo sorprendido, pues hacía un minuto que había estado con él en la “parroquia”.

         Ignacio es un hombre bueno, además es sabio, profesor, escritor y amigo, pero esencialmente es un hombre bueno, no un buen hombre que es bien distinto; tal vez debiera haber sido ese hijo varón que nunca tuve, pero durante el tiempo que paso con él, nos vemos casi a diario, disfruto como si lo fuese.

         Pues sí, un blanco bloc como una patena de limpio en el que debo escribir exquisitamente lo que siento y un vaso, a modo de cáliz, en el que beberé, bajo la tonalidad de una verde esperanza, algún que otro brebaje que haga más dulce el tránsito apagado de la espera a lo desconocido.

         Estaba obligado a escribir hoy sobre la manida negociación a tres para intentar forma gobierno, pero deseaba comentar el sencillo detalle de Ignacio para con mi persona, y es claro que, al menos para mí, el fiel de la balanza entre obligación y deseo siempre se inclina hacia el deseo, precisamente porque no siento ninguna obligación a hacerlo; tan sólo un extraño “porquesí”, el más importante porqué de los existentes; y además, por si hubiese duda, porque la amistad se fundamente en el amor y por sentirme hoy afortunadamente tierno.

         Un placer por mi parte haber escrito hoy muy despacio, más de lo que puedan creer, este extraño e íntimo copo.


        

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