jueves, 28 de abril de 2016

"De presos y refugiados políticos españoles"




Cuando Franco asaltó el poder, bien asentado ya en él, certificó que el peor de los males, junto con la conspiración judeo masónica, era ser político, y no digamos nada de lo que pensaba sobre los partidos políticos; fue por eso que siempre negó que él lo fuese.

         Sus huestes, o sea, todos aquellos que ocuparon cargos de chaqueta blanca, adornada con vistoso “mantecado” y sobria camisa azul mahón, tomaron el latiguillo de condenar a cualquier bien nacido preocupado por asuntos sociales de ser un político, latiguillo que padecieron, padecimos, todos aquellos que, semicruzados de brazos, pensábamos que era demasiado fuerte el yugo, no digamos ya las flechas, que padecía el pueblo.

         Está ocurriendo que en la actualidad, tal vez sin caer en la cuenta que ello era lo que decía el dictador, uno de los peores insultos que se le puede achacar a cualquier persona es la de ser o haber sido político.

Cierto es que una buena parte de la clase política es culpable de ello, y como muestra ahí está toda la corrupción que de norte a sur sin olvidar el este asola a políticos municipales, autonómicos y nacionales, pero no es menos cierto que la Constitución Española en su artículo 6º afirma: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Sus estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.

         Pues bien, todos aquellos partidos que en la actualidad se encuentran legalizados, nos gusten o no, son garantes de la realidad democrática que vivimos, lo que no quiere decir que internamente los partidos en sí mismos sean democráticos;  y no es así, porque como se entiende, por ejemplo, que tras su reinserción y puesta en libertad del ex terrorista Otegi, éste se ha paseado por el Parlamento Europeo cogido de la mano de IU y Podemos, y la bendición abstencionista de PSOE, para proclamar que el Gobierno de España debe liberar a los presos políticos que están en el trullo purgando sus penas por terroristas y exigir del Estado español que debe acoger a todos los que se piraron a otras tierras huyendo de la Justicia y que Arnaldo denomina “refugiados”; no sirios, sino etarras, y no existe siquiera un pequeño tirón de orejas de aquellos viejos de la casta que vieron y lloraron la muerte de compañeros, niños, mujeres y compatriotas.

         No lo entiendo, de verdad que no.




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