miércoles, 2 de marzo de 2016

Prefiero la "casta"




Tengo la salud algo maltrecha y, para más inri, me he tragado casi todo el debate de investidura del señor Pedro Sánchez -vicioso que es uno- que al menos, me refiero al debate, en ocasiones ha conseguido que esboce algunas ligeras sonrisas.

         La más abierta de ellas, me refiero a las sonrisas, la producida tras el beso boca a boca entre Iglesias y el representante de Ada Colau; la sonrisa no es ya por el intercambio de posibles bacilos sino por la cara de sorpresa del ministro Guindos ante semejante cariño, algo nunca visto en el Congreso de los Diputados.

         Todo parece indicar que, tras los piropos envenenados entre unos y otros, el “encomendado” por SM el Rey para alcanzar la presidencia del Gobierno del Reino de España va a obtener una rotunda calabaza con doscientos diecinueve votos negativos y la abstención de la canaria que, previendo el resultado con todas las cartas boca arriba, ha declinado no darle el voto positivo al encomendado y pasar a la historia como la única pelotillera del Congreso.

         En el año mil novecientos setenta y siete, cuando estuvo a punto de que la Constitución se fuese a pico al debatirse el artículo referente al tema educativo y el PSOE abandonó la Comisión Constitucional porque UCD y AP se pusieron de acuerdo en el texto del citado artículo, dos de la “casta”, Fernando Abril y Alfonso Guerra, quedaron en cenar en el restaurante “José Luis de Madrid” y sellaron, tras cenar un par de tortillas a la francesa y algo de carne, el consenso constitucional y, ya todo, fue coser, cantar y fabricar la Constitución de la concordia, así de fácil y así de difícil.

         Sé que ahora no es lo mismo ya que el puzle existente en la Cámara Baja es, de izquierda a derecha pasando por la bautizada hoy como “naranja mecánica, una especie de jaula de grillos donde se zurran de lo lindo los unos a los otros sin misericordia alguna y con rampante alevosía para, a reglón seguido, solicitar el voto del vapuleado que, por mor de los insultos, se convierte también en un perfecto noqueador.

         Todo indica que, si no hay sorpresa o milagro, estamos abocados a introducir nuevamente la papeleta del voto -papeleta la mía que no consigo encontrar desde hace un tiempo- en la urna correspondiente.

         Y por ello, y esencialmente por los partidos llamados emergentes, hoy se ha producido el primer asalto al poder con un buen reparto de papeles, a saber: el naranjito Rivera se ha encargado de vapulear al PP con santa mala leche al tiempo que el morado Iglesias se ha dedicado a darle con pecadora mala uva al PSOE, haciendo ambos del Congreso el primer round de la próxima campaña electoral.

         Prefiero la “casta” que, aunque pulcramente pecadora y corrupta, se les ve de venir claramente.

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