domingo, 6 de marzo de 2016

De Babel al "Pacto del Beso"





Me encantaba ver las ilustraciones de la ya desaparecida asignatura Historia Sagrada y disfrutaba contemplándolas; una de aquellas historietas era la dedicada a la construcción de la torre de Babel, a la que el Antiguo Testamento hace mención en el Génesis.

      No voy a echar mano a la versión bíblica, sino a lo que todavía tengo incrustado en el disco duro del cerebro. Recuerdo que los Hermanos de la Salle me contaban que, tras el llamado Diluvio Universal, la prole de hijos, nietos y tataranietos de Noé el del Arca decidió construir una altísima torre, la de Babel, que llegase hasta el cielo a fin de salvarse de un nuevo diluvio, pero como Dios no veía nada claro que los humanos quisieran “okupar” su habitáculo, decidió multiplicar su forma de hablar y así confundirlos a la hora de realizar la gran operación ladrillo; los hombres, sigo recordando, se unieron por sus respectivos bla-bla-bla, se dispersaron en tribus y crearon distintas naciones o pueblos. Y así seguimos.

      En el Reino de España existen de cuatro a cinco bla-bla-bla diferentes, lo del cinco lo digo a fin de que las asturianas no se enfaden si no mencionoel bable; a pesar de ello la realidad nos asegura que cada familia posee su propio código de comunicación y que no existe ni un “sí” ni un “no” entre sus integrantes porque, generalmente, se comunican muy poco sus componentes.

       El personal cívico, también el incívico, se puso hace años a largar porque el Senado -nosotros-  se había gastado un pastón para que hubiese traducción simultánea en ese plácido estanque de cisnes que Sánchez y Rivera lo ven con buenos ojos ya que no piden su desaparición en su ya famoso pacto de perdedores; a mi edad, ese límite cronológico donde empieza a resbalar casi todo, di la “tela” por bien gastada siempre que sus señorías se pusiesen de acuerdo a la hora de construir una ciudadanía con iguales derechos.

      En estos días de ciclogénesis en el Congreso de los Diputados hemos comprobado que el personal político no se entiende aunque use una sola forma de hablar cuya gramática está basada en la mentira y el insulto; tal vez sea el amor o el deseo lo que pueda sumar una mayoría simple tal como dijera Pablo Iglesias a Pedro Sánchez, a saber: “Al final, Pedro, solamente quedamos tú y yo, por lo que podríamos conformar el Pacto del Beso”.

      No lo duden amigos, a besarse tocan para ver si Pedro pudiese obtener una buena pensión de por vida.

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