miércoles, 9 de marzo de 2016

Cuando el amor es una trágica neblina




Mejor no pensarlo, pero a poco que uno coloque su mano sobre la frente y agache la cabeza, piensa, aunque intente no caer en una “depre”, que son pocos los días, meses o años que le queda por pasar en este valle de lágrimas; y esto no significa ser pesimista, sino sencillamente realista.

         Tal vez por ello, no creo que sea otra la causa, va uno viviendo una especie de “dolce vita” en la  que pensar es algo prohibido; y por eso casi todos los días escribe que te escribe o bebe que te bebe o llora que te llora o ríe que te ríe para no caer en la cuenta que ella, la canina, está acechando que la ley se cumpla de una puñetera vez, ley que podríamos resumir en una frase: “nacemos para morir”, y punto, claro es que entre el principio y el final se encuentra la existencia, existencia que podemos convertir en vida si amamos porquesí.

         Creo que hemos nacido para amar, pero nuestros deberes y responsabilidades consiguen que tiremos la toalla en tan espléndida empresa; y claro, como tampoco vamos a ir de “un viva la vida”, observamos que la posibilidad que tenemos de gozar del amor se nos escapa o esfuma bajo las mágicas palabras de “te quiero”. Si uno, o una, no está tocado de la chirimoya cerebral o no tiene tiempo para pensar en “tonterías” de esta índole puede ir pasando la existencia bien y sin problema alguno, para eso tenemos esposa, hijos, nietos, amigos, póker, gambas, política -no digo ya si es la que gozamos en la actualidad-, televisión, güisqui, trabajo, el viernes del sistema, el bronceado y un rico etcétera que nos sirve de profundo opio que nos lleva a una neblina y nos impide ver la luz radiante del amor.

         Algunos, no es mi caso, se van a ir a lo ignoto sin conocer ese fulgor que nos transforma y que consigue ver todo lo que nos rodea de maravillosos colores; pero es peor, mucho peor, haberlo descubierto y dejarlo, como si tal, en cualquier recoveco de nuestra existencia por la triada que nos rige, a saber: lógica, deber y responsabilidad.

         Es ahora, cuando las postrimerías están cercanas cuando se mira hacia atrás con la avidez propia de recorrer el camino dejado; pero ya es tarde por la sencilla razón de que es imposible; es en ese o este momento cuando se cae en la cuenta de que nacimos para amar sin más apellidos que perturben el acontecimiento; es en ese instante cuando se cumple lo que escribió Tagore: Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.


        

3 comentarios:

  1. A la brujilla Magda y a mi querido sobrino Salva, mis gracias por adelantado y tras ellas, mis besos.
    Vuestro, querid@s.


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