miércoles, 24 de febrero de 2016

Tras el escrache, los trileros




El llamado escrache viene a ser una especie de acoso más o menos violento que se realiza a una persona por un grupo de individuos envalentonados por ser mayoría; existe otra forma de escrache realizado de forma sibilina contra alguien, un servidor en los últimos tiempos ha recibido más de uno de estos últimos.

         Ha pasado casi de largo, con esto de los llamados pactos, el escrache a que se ha visto sometido Mariano Rajoy, Presidente en funciones del gobierno de España, y no lo digo por el “cordón sanitario” a que ha sido sometido para que su figura no infecte el alma pura de algunos partidos políticos, sino porque unos mangurrinos de Alcalde y Concejales de Pontevedra (PSOE, Mareas y BNG)  en orden de su autoridad han venido a nombrarle “persona no grata” en esa ciudad a la que Rajoy está vinculado por fuertes lazos afectivos; y se quedan como si nada, y el personal hace mutis por el forro.

         Personalmente me parece una aberración democrática, legítima por supuesto, y un bochorno que al Presidente de cualquier gobierno se le dicte tal sentencia de “muerte” moral,  y más surrealista que, en este caso nuestro, se realice allí donde fue golpeado por un fornido chavalote de forma traicionera y vergonzante; pero en fin, así somos y así nos va.

         Vamos que nos vamos a unas nuevas elecciones generales si es que el candidato a ser investido nuevo Presidente de España, señor Pedro Sánchez, no tiene un as en la mano o un garbanzo en la cáscara de la nuez para realizar una pillería y trincar a unos y otros con el paso cambiado.

         O no sabe sumar, cosa que dudo, o es muy osado al plantear una investidura entre el segundo y cuarto partido -oh Albert, qué metedura de pata- para un pacto que no cuadra a no ser que “Podemos” se abstenga o lo vote afirmativamente, hecho que dudo se produzca, o el Partido Popular haga lo mismo, cosa que dudo más.

         Y no es que un servidor esté a favor de las Diputaciones, cosa que sí es seguro que el pueblo de Fray Leopoldo, Alpandeire (Málaga), sí que lo está, sino que afirmaría que tanto Pedro como Albert no se atreverán a que desaparezcan las Diputaciones de Euskadi y Navarra o los Cabildos canarios, instituciones estas últimas que hacen realidad la desigualdad económica -la que importa de verdad- de todos los españoles y que, quieran o no, ha sido la causa de ese cáncer llamado “república catalana”.

         Podría seguir, pero no vamos a dar todo de una “copada” sino que debemos esperar a las últimas trampas de los trileros de turno, a saber, PSOE y Ciudadanos salgan a la luz, aunque en política la luz se usa muy poco, por no decir nada.


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