viernes, 26 de febrero de 2016

No es grata la misión de Ciudadanos




Pedro Sánchez -que está “peleado” con Mariano Rajoy al que llamó indecente delante de una buena millonada de teleespectadores- ha enviado a Albert Rivera de mensajero para que solicite del Registrador en comisión de servicios, la abstención del  PP en el ya inminente debate de investidura a la Presidencia del Gobierno, y dócil el líder de Ciudadanos ha enviado un mensaje al actual Presidente en funciones para cumplir el mandato de su compañero de choque de manos; Rajoy le ha contestado con su ya famosa retranca diciéndole que “comprenderás que no puedo ser cómplice de investir a quien desea derogar todas les leyes que hemos aprobado en el Congreso”.

         La contestación es lógica, aunque tal vez ha olvidado decirle que fue el candidato a la Presidencia más votado por los españoles; quizás también debió comunicar a Albert que él, Rajoy, declinó ir al degüello de la investidura porque todos los partidos del arco parlamentario, incluido Ciudadanos, trompetearon a todos los vientos su NO al gallego agredido en Pontevedra.

         Pero Albert, no dándose por aludido, ha formateado su postura contemplando la posibilidad, que en caso de recibir Pedro un claro suspenso en su deseo de presidir a la ciudadanía española, está dispuesto a hablar con Rajoy para llegar a un pacto de investidura con el declarado persona “no grata en Pontevedra” con los votos de los amigos de Sánchez.

         Esa postura es la que se comenta con “poner una vela al divino y otra al demonio pinchaúvas”, sin especificar un servidor quién es Dios o Luzbel; pero esta incongruencia de jugar a dos bandas que, hasta ahora le ha dado buenos resultados a Albert Rivera en, pongamos por caso, las comunidades autónomas de Andalucía y Madrid, lugares donde la corrupción ha construido su chiringuito, puede salirle mal.

         Existe un dicho evangélico en el que el nacido en Belén afirma: “Porque no eres frío o caliente, estoy por vomitarte de mi boca”, dicho que podría traducirse por el siguiente: “porque no eres pecador o santo, sino tibio, vete ya por ahí”.

         Y es que jugar a ser “centro político”, aberración total en su terminología porque dicho centro no existe, puede llevar a Rivera a creer, llevado de su buena voluntad -hay que suponerla- que es el rey del mambo, o sea, del cotarro político, cuando realmente fue el cuarto partido en número de votos en las pasadas elecciones del 20-D.

         Si la segunda transición que llaman algunos consiste en que sean los perdedores los que venzan, aviados vamos.




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