jueves, 18 de febrero de 2016

Felipe, Pedro y el verbo derogar




Felipe González ha entrado en el juego del escondite de la investidura a Presidente del Gobierno de España, solicitando a Mariano Rajoy que se abstenga en la votación que se celebrará a tal fin en el Congreso de los Diputados para facilitar que Pedro Sánchez lleve el rumbo de nuestra nación en compañía de Ciudadanos.

         Tras la guerra abierta declarada entre Mariano y Pedro desde que el segundo de ellos le llamara indecente al primero y tras cantarle un rosario de noes personales con las letanías correspondientes al partido que preside, llega ahora Felipe, limpio como una patena, a solicitar del que se abrochó la chaqueta mientras el otro le tendía la mano que ejerza una abstención positiva del Registrador de la Propiedad para beneficiar a quien tonteó con Pablo Iglesias, las mareas, PNV, IU y regaló cuatro senadores de los separatistas catalanes, Esquerra y la antigua Convergencia, para aumentar sus arcas y regalarles un par de altavoces para pregonar la República Catalana en el Reino de España.

         Mariano “el apestado” ha respondido que de eso “nanay de la china” ya que él ganó, diga el personal lo que diga, las elecciones con siete millones y pico de votos y más de una treintena de diputados que el muchachote que sabe, como nadie, decir “no” al retranca del gallego.

         Creo que lleva razón, sin que me tiemble la voz o el pulso, el actual Presidente en funciones porque, entre otras cosas, Pedro Sánchez ha aprendido, como nadie, a conjugar el verbo derogar; y, digo yo, cómo darle la vara de mando, a quien una y otra vez afirma que derogará, o sea, mandará al excusado, tras tirar de la cadena de la cisterna, todo lo bueno o malo, vaya usted a saber, que ha legislado el “rodillo” del PP; derogará la reforma laboral, la llamada ley “mordaza”, la LOMCE y la igualdad deseada entre la ciudadanía reformando la Constitución del 78 otorgando ciertos privilegios económicos a determinadas Comunidades Autónomas en perjuicio de otros Pueblos y Nacionalidades, como es el caso de Andalucía que se ganó a pulso esa titulación a través del artículo 151 del famoso “candado del 78”, como bien debe saber el antiguo Isidoro.

         A mi modo, aunque alguien me tilde de lo que no soy, acostumbrado estoy, veo muy democrática la decisión de Rajoy y muy cicatera, por partidista, la propuesta de Felipe González.

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