sábado, 27 de febrero de 2016

El olor a pólvora de Andalucía en 1981





Manuel Clavero, ministro de Cultura de UCD, abandonó el Gobierno, el grupo centrista y encaminó sus pasos a los escaños del Grupo Mixto; más tarde, el que escribe estas líneas, hizo lo mismo pero sin tener que dejar ningún puesto en gobierno alguno; la causa de convertirnos en tránsfugas fue la política errónea de UCD en el referéndum del 28 de febrero de 1980 convocado por el Gobierno de España para saber del artículo por el que marcharía la Autonomía de Andalucía.

         Coincidimos Clavero y el menda en el Grupo Mixto por idéntico motivo, pero no por la misma visión ideológica; acurrucados en nuestros escaños vivimos el 23-F de 1981 y olfateamos la misma pólvora; cuatro días antes, o sea, el 19-F-1981 se produjo la primera votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, a la que voté “no” por tres razones que expuse desde la tribuna del Parlamento y de las que voy a extraer algunas frases.

         “… en primer lugar mi voto será negativo porque frente al terrorismo de la metralleta y de la goma-2, que todos condenamos, en Andalucía grandes capas populares viven en sus carnes el más vergonzante de los crímenes, el de la pobreza…y junto a él, el crimen del paro, de la marginación (…) mi voto será negativo, en segundo lugar, porque Andalucía no padece una grave situación socioeconómica coyuntural originada por la crisis del petróleo, sino que sufre una gravísima problemática estructural (…) que solamente se puede resolver aplicando el siguiente binomio: a problemáticas estructurales, soluciones estructurales (…) en tercer lugar, mi voto será negativo porque usted, señor Calvo Sotelo, ha silenciado el tema educativo. Ahora que tanto se habla de deudores y acreedores, en Andalucía tenemos miles de hombres acreedores de cultura, formación y promoción. Hay que realizar una auténtica educación de adultos en Andalucía, precedida, necesariamente, de un análisis del medio de vida concreto que un hombre concreto, el andaluz, vive (…) y solamente cuando el hombre reflexiona y estudia su situación concreta, el hombre está dispuesto a intervenir respecto a la realidad para cambiarla…” (Se suspende la sesión. Eran las nueve y cincuenta y cinco minutos de la noche. B.O. de las Cortes)”.

         Volvimos el 23-F del 81 para “rematar” la investidura del candidato y ya saben lo que ocurrió: tricornios, miedo y pólvora; también saben el final, pero lo que no saben es que el 28 de Febrero (me cachis con Febrero) de ese mismo año, con cierto olor a pólvora, los diputados nacionales de Andalucía nos reuníamos en Córdoba para aprobar el pre-estatuto de Andalucía que debería ratificar la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados; créanme si les digo que en la ciudad de la Mezquita dicho documento, algo tocado por la pólvora del lunes pasado, salió falto de un aroma reivindicativo andaluz con los votos afirmativos de UCD, PSOE y PCE, y los negativos del PSA y de un verso suelto que andaba por allí presentando enmiendas al enclenque texto medio oficial.

         Andalucía no tiene día que festejar, aunque festeje numerosos. Y carece de ellos -tal vez un 4-D- porque el paro sigue asolando este bendito páramo, la corrupción se ha asentado en sus entrañas y un encogimiento de hombros de la gran mayoría de ciudadanos andaluces se ha convertido en nuevos signos de su identidad.

         Y la amo y me rebelo muy sumisamente a la espera de que ese ¡Viva Andalucía Libre! un día se convierta en realidad, aunque un servidor no lo vea.

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