sábado, 9 de enero de 2016

Un pequeño examen de conciencia



De qué materia estará conformado un servidor, para que a estas alturas de mi existencia me encuentre -es un decir- más solo que la una, aparte, claro es, del par de amigos unidos por años y años de predicar la utopía de la fe, los míos, o sea, la familia, los “parroquianos” de la pequeña cafetería-bar “El GranVía”, mis contactos con Fb y pare usted de contar.
                                 
     Y no es que me considere un bicho raro o un fracasado en la vida, sino que debe tener algo con mi forma de ser. Ya en cierta ocasión, el ex diputado del PSA Miguel Ángel Arredonda, cuando las movidas internas en ese partido, ya suicidado, me comentaba en el ya desaparecido “El Gallo de India”: “Mira Pepe, tú eres un utópico y estos no tienen cabida en los partidos políticos”; pues puede ser, porque una noche de verano en el famoso bar “Emily” conversaba, mientras tomábamos unos cubatas, con una mujer misteriosa, liberal y agraciada, cuando en mitad de la charla me espetó: “Pepe, ¿tú eres utópico?; a lo que respondí :”creo que sí”. Ella me midió de arriba abajo y me contestó: “Entonces eres gilipollas”.

     Cuando recibí el arponazo del mensaje del nacido en Belén, que todavía arrastro por este “valle de lágrimas”, fui elegido Presidente del Movimiento apostólico “culpable” de aquella conversión; también fui Presidente Nacional del Cuerpo Técnico de Directores Escolares; en política, además de conseguir el acta de Diputado Nacional en dos ocasiones, me eligieron Secretario Provincial de UCD, partido del que me largué por aquello de la utopía andalucista y fui a recalar en el PSA, del que también fui Secretario Provincial, pero cogí las de Villadiego porque el interior del mismo no era lo que yo había soñado; fui designado Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación por el Consejo de Ministros que presidía Adolfo Suárez, que por cierto en un libro titulado “Así cayó Adolfo Suárez” (Planeta), el autor, Josep Meliá, me atribuye ser el protagonista de la dimisión del Duque de Cebreros; en el terreno de las letras, terreno pantanoso, fui elegido Presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía y salí del cargo de mala forma, aunque alguno de los culpables habían escrito de mí, en artículos de opinión, que yo era para algunos como su Padre Adoptivo y para otros un hombre inquieto entregado a hacer el bien por Málaga, Andalucía y la Humanidad.

     Todo esto viene a cuento porque estoy pasando unos días jodidos, algo así como “viniéndome abajo”, y sé que si no suelto el venenillo puedo caer en una pequeña “depre” que me haga dejar lo poco que me queda: el “copo” y mi querido “Papel Literario”.

     Perdonen este rollo de examen de conciencia sin propósito de enmienda, porque, aparte de utópico, que lo soy, no encuentro pecado alguno en esta ya mi larga existencia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario