martes, 19 de enero de 2016

¿"Podemos" o no podemos?





 Una simple anécdota antes de introducirme en el corazón de este “copo”. Allá por 1977, primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, UCD se presentó a los comicios como una coalición de partidos, de tal forma que a continuación de cada nombre de un candidato se señalaban las siglas del partido a que pertenecía; que yo recuerde existían siglas de UCD, Partido Social Demócrata, Partido Liberal, Democracia Cristiana, Partido Social Liberal Andaluz, Partido Social Demócrata Andaluz, Independientes, etc., un servidor de ustedes, de la “pastora” y de la verdad iba con la coletilla escrita de “independiente”.

Más tarde, tras ser aprobada la Constitución, en la legislatura 1979-1982, todas las “leches” se unieron bajo las siglas del “donut”, UCD, y cada quisque lo mordisqueaba según ideología y el donut, UCD, desapareció del mapa político, entre otras cosas, por las guerrillas intestinas; todavía recuerdo, como si fuese hoy, al democristiano Margallo, actual Ministro de Exteriores en funciones, dar vida a la corriente supra interna “los jóvenes turcos” para asestar uno de los últimos puntillazos a Adolfo Suárez, aunque según Josep Meliá, autor del libro “Así cayó Adolfo Suárez (Editorial Planeta), afirma que el fallecido Duque de Cebreros dimitió de la Presidencia del Gobierno porque no pudo convencer al diputado malagueño Pepe García (?) para que permaneciera en el Grupo Parlamentario de UCD, cuando al tal Pepe le fue inoculada “sangre andalucista” a causa del desvarío del partido centrista con Andalucía.

         Algo así puede ocurrirle al actual “Podemos” de Pablo Iglesias si no consigue hoy que la actual Mesa del Congreso de los Diputados presidida por Patxi López, pero con mayoría absoluta de PP y Ciudadanos, no le otorgue la bienaventuranza de conseguir cuatro grupos parlamentarios que, un servidor en plan profético, estima que no le será concedida.

         Dentro del Grupo de Podemos se puede armar un rifirrafe mayor que el que en estos tiempos invernales se lía en una cama de matrimonio cuando cada cónyuge tira de la manta para taparse con ella.

         No se imaginan ustedes, queridos y queridas lectores, a los de la marea gallega, los del compromiso valenciano, los comunes catalanes y a Carolina, junto a Iglesias y Errejón, tirando cada uno de las mantas de la hucha y de los altavoces y dejar con el trasero al aire al resto de acompañantes.

         Estos de la “casta” son ancianos, pero no capullos; así que amigo Pablo: cuidado con ellos.

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