martes, 5 de enero de 2016

"..., Gaspar,..."




De pequeño, mi Rey Mago preferido era Gaspar; casi como siempre a contracorriente del mundo, pues la inmensa mayoría de la chavalería, al menos mis amigos de infancia, preferían a Melchor o Baltasar, al primero por su imponente barba blanca y al segundo, por su tez morena y ancha sonrisa.

         Gaspar pasaba como de incógnito por el mundo y creo que recibía pocas cartas con peticiones de regalos; malhadados sean aquellos que desean cortar de raíz ese potencial de ilusión, imaginación e inocencia que significa esta noche para tantos niños y niñas.

         Pues bien, ayer recibí una invitación de una emisora local de esta ciudad, Málaga, “que todo lo acoge y todo lo silencia”, para la retransmisión en directo un programa de media hora de duración en la que tres malagueños hacían de Magos de Oriente; accedí a ello pero con una condición: tenía que encarnar a Gaspar; el que llevaba la batuta, mi amigo Manolo Montes, accedió a ello, y hasta Onda Azul he sido trasladado de madrugada -diez de la mañana- por otro buen amigo, Valentín que hacía las veces de Melchor; no pudo llegar al encuentro el bueno de Paco Linares por un achaque propio de un Rey Baltasar, pero por teléfono estuvo con nosotros aguantando las “embestidas” de un revoltoso Gaspar.

         He disfrutado más que un cosaco, o sea: lo indecible. Y es que en el fondo, para qué engañar y/o engañarme, lo que he hecho ha sido dejarme llevar por el niño que tengo -tenemos- dentro y he permitido ser manejado por él sin ninguna cortapisa; ha sido por eso que me ha sido muy fácil decir que por el río Eúfrates discurre la miel, que cuando vi al niñodiós saboreé el amor, que la paz se gana día a día, que a Dios se ve en los inocentes ojos de los niños que embobados miran a los Magos de Oriente, que los niños sirios son los auténticos hijos del Misterio innombrable, que todavía me amamanto de aquellas nanas de mi madre y que iba a llenar de trenes de hojalata las casas de todos los chavalines de Málaga.

         Un ángel, amigo Fran, me ha guiado a ser feliz y a intentar que el mendigo rico que silba la flauta en la esquina de la catedral malagueña también lo sea; y por ello, porque desbordo felicidad al igual que la miel besa las riberas del Eúfrates, hoy no descansaré hasta conseguir que algún niño de mi barrio recuerde este día como el más feliz de su vida.

         Palabra de Rey Gaspar.


        

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