domingo, 10 de enero de 2016

El esperpento catalanista




Otra cosa no, pero valor lo tengo a prueba de balaceras; escribo lo anterior porque la tardenoche de hoy me la voy a pasar catalanizado, pues me tragaré todo el debate del Parlamento de Cataluña. ¿Es o no valor de ley?, así soy.

         De manera que tengo que escribir este “copo” a toda leche y en veinticinco minutos. Allá va uno de los “invasores” de Cataluña.

         En la historia de la democracia que estamos viviendo en España no se ha conocido un esperpento político como el ocurrido hasta hoy en tierras catalanas; ni siquiera el llamado “tamayazo” que aupó a Esperanza Aguirre a la Presidencia de la Comunidad de Madrid tiene visos de similitud como el vivido entre Juntos Por el Sí (Convergencia y Esquerra más algún tonto de capirote) y las CUP; todos ellos ha formalizado la gran cagada en forma de diarrea mental.

         El cambalache de diputados de los antisistemas, la famosa votación de las CUP, la retirada de la primera línea de Mas (falta saber si deja el escaño, apuesto a que no cuando faltan solamente 20 minutos), el intento de sedición sin referéndum de por medio, la unión de los antieuropeos con los del 3% y la Esquerra que, todos ellos, desean iniciar el proceso para proclamar la República de las Ramblas es tener ganas de armar el taco entre todos los españoles de buena voluntad que, sin saber qué puede ocurrir, asisten impasibles al bochornoso espectáculo.

         La soberanía Nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, reza en el artº 1 de la Constitución Española, o sea, que la catalana, que es la de una parte de los españoles, reside en el pueblo español, en usted, en el vecino que vive en el 5º piso de mi bloque y en mí; y una vez que me otorgan ese derecho por votación del pueblo español, incluida Cataluña (por cierto, el mayor tanto por ciento de votos afirmativos de la Constitución se dio en Cataluña), no voy a permitir, en la medida de mis posibilidades, que nadie me robe lo que ganamos en las urnas.

         El pueblo español está por encima del Rey de España, del Congreso y Senado, del Gobierno (esté en funciones o no), del Tribunal Constitucional y de la Biblia, en verso o no; porque es de ese pueblo del que emana el resto, desde luego, muy por encima del alcalde de Girona, dicho con todo el respeto posible, o sea, con ninguno.

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