viernes, 1 de enero de 2016

De números, personas y agendas



Ayer finalizó lo que los seres han dado en llamar año, y ha dado comienzo otro que dicen nuevo, el 2016 de la era cristiana. Hay que intentar poner en orden este nuevo esperpento y para ello se intercambian regalos de agendas, algo ya en desuso por los móviles, los “guasás” y las nuevas tecnologías.

         Agendas las hay para todos los gustos y ya empiezan a ser usadas, desde luego que un servidor de ustedes es uno de los que apuntan y desapuntan. Las personas, con avidez insaciable, van apropiándose de días para reuniones, viajes, almuerzos, etc.

         Los viejos teléfonos se trasvasan a las nuevas agendas. Algunos hombres y mujeres, simples números, ya no formarán parte de las nuevas agendas; unos porque han muerto, otros porque han “muerto” para nosotros y en justa reciprocidad nosotros la hemos diñado para ellos; al menos a mí me han enterrado tres o cuatro que se llamaban amigos.

         En fin, aparecerán nuevos números, personas que en el transcurrir del nuevo año volverán a anotarse, y más tarde, en nuevas agendas de nuevos años quedarán descolgados.

         Cuánto me gustaría ver -tener- una agenda programada para construir amor. ¡Sería tan hermoso!, pero las agendas no quedan conformadas como casas del Amor pues el interior de ellas huele a dinero, comidas y negocios, o sea: desprenden consumo. Dicen los expertos en venta que las agendas son útiles para programar nuestras vidas; qué error.

         Ahora tengo que clavar en mi nueva agenda una reunión con otras personas para programar un viaje a Suiza allá por marzo, pero yo no deseo ir a Suiza, sino a la cueva del amor, allí donde la noche amanece y un tono rojo envuelve a la tarde.
          
         Ese viaje no necesita de agendas. Cierro los ojos, los vuelvo hacia mi interior y allí estoy.
www.josegarciaperez.es


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