jueves, 31 de diciembre de 2015

Nuestro íntimo cotillón




Toda esta mandanga de tiempo que los sabios han dado en llamar año, va a doblar esta noche la esquina para zambullirse en un nuevo invento de temporalidad. Se nos va la vida entre uvas y cotillones. Y lo celebramos. Así somos para gozo de nosotros mismos. No hay quien dé más por menos

Hace años, más de medio siglo, era el padre, el que puesto en pie, anunciaba a la familia los cuartos del reloj de la Puerta del Sol. Todos los miembros del clan estábamos pendientes del gesto paterno. Radio Nacional retransmitía las campanadas. Todo era jolgorio: la abuela, madre, hermanos, anís, coñac, sidra, peladillas y turrón de almendras. ¡Ahora!: decía el patriarca, y una a una, o con una atragantada de mucho cuidado, las uvas, debidamente escamondadas, se convertían en fiesta. Después, los besos a todos y cada uno de los miembros de la familia y, más tarde, el brindis. 

El transcurrir de la vida, la existencia, va enterrando a unos y dispersando a otros. Estos, o sea, los otros, van formando nuevas familias. Es ley de vida, y la ley se cumple, aunque en la actualidad no es el padre el que marcar el principio del muevo año, sino ese trato llamado televisión.

El padre y la madre, ya abuelos, miran a derecha e izquierda y ven tan sólo las estrellitas del viejo Belén. Recomponen la mirada y se observan el uno al otro, estudian el paso del tiempo, las arrugas que crecieron al unísono y, con parsimonia, sin atragantarse y tragándose alguna que otra lágrima de vida, las uvas, al compás de cualquier cadena televisiva, realizan su rítmico caminar de una en una. Y los padres, serenamente, se aman de forma distinta, o sea se quieren para siempre.

Es ley de vida, decía, y la ley se cumple. Me quedan, deseo creer, algún año más de fin de fiesta o de principio de otra. Cada año, cuestión de artritis, nos costará más alzar las copas y tragar las uvas, cuestión de diabetes; pero seguiremos juntos hasta que la muerte, nos separe.

Va por ti, mujer; por todas vosotras.
 www.josegarciaperez.es

miércoles, 30 de diciembre de 2015

A Juan el de Cartajima, in memoriam




Juan el de Cartajima fue mi gran amigo. Su muerte, hace hoy quince años, trastornó mi mente y desde entonces no encuentro la paz, mi paz, y es por eso que hablo y escribo de política, de crisis económica y de otras sandeces que desde esta humilde atalaya de columnista es imposible cambiar.
         
            Si Juan estuviese vivito y coleando, yo estaría escribiendo de poesía y amor, de lo trascendente y lo oculto, de la profundidad en la sencillez, de la vida normal del pueblo que eligió para vivir y morir, de la puesta de sol y del café de pucherillo, del interior de mí mismo y no del exterior del otro; pero Juan murió, y con él la sabiduría, o sea, el saborear la vida sin grandes empachos de güisqui y vitolas de hombre enciclopédico.
          
           Tengo que volver a Juan porque si no usted y yo estaremos condenados a soportarnos en esa puja de vanidades que florece en la gran ciudad. Así hoy, por ejemplo, estaría obligado a discernir sobre las posibles combinaciones de formación del gobierno de España, de los cambios de nombres de casi todas las calles de este país, de ese traqueteo que se traen los diferentes partidos políticos sobre el “candado del 78” o seguir tecleando las vicisitudes de Pedro Sánchez ante los califatos socialistas.
         
            Me comentaba Juan que en Cartajima se vivía con plenitud las veinticuatro horas de los trescientos sesenta y cinco días que conforman ese tiempo que los hombres han acordado en llamar año; un buen libro de lectura, una partida de dominó, una sencilla tertulia con los hombres curtidos por la serranía, un tranquilo paseo alejado de las encaladas casas, comer y beber algo, y dormir sin despertador.
         
            Un fin de semana que pasé con él, le pregunté por el número de parados que podía haber en Cartajima, y él, con esa socarronería tan propia del hombre sabio me dijo: “no te preocupes por ello, aquí todos cobran el paro.”
          
            Y hablaba y hablaba  de la utopía de la verdadera vida, del encanto de la soledad acompañada, del mestizaje de la sabiduría con el pueblo y, muy especialmente, de la fugacidad de la felicidad.
         
             “Hace falta asombro, Pepe, -me decía siempre- asombro para ser feliz.” Y ciertamente que me es necesario encontrarme con el asombro, o sea, con la amistad que te acompaña en este desierto de existencia.
        
                 Hoy alzo mi copa por él, o sea: por mí.

martes, 29 de diciembre de 2015

El medio güisqui de Rajoy




 Con este tremendo sarpullido que gozamos los españoles durante estas fiestas a causa de las posibles combinaciones para formalizar el gobierno o desgobierno del Reino de España y las elucubraciones que se traen por Cataluña para intentar crear su propia República, ha podido pasar de largo que a nosotros, los jubilados, el actual Gobierno en funciones, presidido todavía por don Mariano, nos ha subido la pensión un 0,25%, poca cosa pero algo es algo y al menos, por mi parte, me conformo con el medio güisqui mensual que supone tal incremento salarial; prometo que un día al mes brindaré por el detalle, mientras degusto el líquido.

         Qué me está ocurriendo, pienso una y otra vez, que cada día que pasa me cae mejor el supremo gallego y sus cachazas; no sé, lo he visto y escuchado en la rueda de prensa que, sin plasma de por medio, ha realizado hoy, al tiempo que se sometía a las preguntas de la “canallesca”, y me ha parecido, que sin inmutarse, ha conseguido dar respuestas de hombre de Estado y no de político de Turno; otra cosa es que cada uno vea la situación de forma diferente.

         Lógicamente las distintas “cavernas mediáticas” de izquierda y derecha han blandido la espada los primeros, mientras los segundos han repicado las campanas más de la cuenta; lógico desbarajuste de los que toman los prismáticos al revés y tan solamente miran u oyen lo que conviene a sus intereses que, dicho sea por mi parte, no es el medio güisqui de marras.

         España no está en condiciones de volver a repetir otras Elecciones Generales, un lujo innecesario y costoso desde mi particular punto de vista, sino que con los números de las elecciones del 20-D los líderes de los diversos partidos políticos están obligados a formalizar un pacto estable por la gobernanza de este país; no vale la búsqueda de aventuras, el bloqueo a la lista más votada o el rechazo a la persona, propio del más puro estilo nazi, sino arremangarse bien alrededor del carro encallado en el barrizal y, todos a una, tirar del mismo para intentar sacarlo del lodazal.

         Altura de miras o visión de Estado, le llaman a eso

lunes, 28 de diciembre de 2015

Las inocentadas políticas




También anda perdiéndose aquella sana costumbre de dar sonadas “inocentadas” a familiares y amigos, aunque pudiera ser que ya no se lleven a cabo porque ya no existan inocentes que no crean nada o porque la cosa pública, llámese política, se lleva el palmito en esto de reírse del personal cívico.

         Díganme si no cómo puede ser que el resultado de la/las CUP haya sido el de mil quinientos quince votos a favor de investir al señor Mas como Presidente para forjar la República Catalana, y la mismísima cantidad de votantes en contra de investirlo para semejante aberración constitucional; los expertos matemáticos -hay gente “pa to” como dijera el Guerra, torero- tras hacer las diferentes variaciones, combinaciones y permutaciones con el número de votantes han llegado a la conclusión que solamente existía un 0,003% de que se diese esa probabilidad, no me negaran que ya es casualidad. Por todo ello, será el próximo día 2 de enero cuando los gerifaltes de tal agrupación política se reúnan para otorgar el “nihil obstat” a tal proclamación o enviar al presidente Artur al más abyecto de los destinos, o sea, al reino de la nada.

         Por otra parte, los obispos del PSOE se reúnen hoy en concilio para ver qué hacen con el deseo de su jefe de filas, el señor Pedro Sánchez, de intentar formar el Gobierno de España con las llamadas “izquierdas” españolas, a saber “Podemos y sus diferentes marcas” (mareas, compromís y el personal de Ada Colau) y toda una ristra de partidos que va desde Bildu al PNV pasando por el canario que trina y trina más Izquierda Unida, Esquerra Republicana y, tal vez, los hombres y mujeres de Mas; todo parece indicar que los llamados barones y los miembros del Comité Federal del herido PSOE van a conceder al señor Sánchez esa posibilidad siempre que “Podemos” entone públicamente que no va a convocar un referéndum sobre la cuestión catalana.

         Un servidor, que es de fiar, no se fiaría lo más mínimo de Iglesias y sus “marcas” pues hasta ahora han ejercido un travestismo plural en todos los sentidos, columpiándose desde el comunismo de Txipras el “griego” a la social democracia de los países nórdicos, acabando con la lucha de clases y jugando con el famoso muñeco Bartolito, el de arriba y abajo, como el nuevo icono del “progresismo”.

         Y para finalizar, pues ya está bien por hoy, tango a bien comunicar a mis lectores que he escrito unas líneas a Pablo Iglesias ofreciéndome como ese Presidente del gobierno español independiente que propone porque creo que en mí se da esa virtud, hecho del que pueden dar testimonio mis compañeros de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía cuando yo ejercía como tal y otorgaba estipendios, libertad y justicia de la mejor forma posible.

jueves, 24 de diciembre de 2015

La más buena de todas las noches




Algunos andan engolfados en cambiar el belén por el árbol y la zambomba por el CD. Otros han mandado a los infiernos al anís y lo han cambiado por el güisqui, y los hay empecinados en descabalgar al rico mantecado por el melocotón en almíbar. Allá ellos. Sé que el progreso se impone en forma de productos congelados de un color rosa suave desplazando de las esquinas el aroma de un buen pavo o un mal pollo por la nada; pero yo por una noche, la más buena, vuelvo a las raíces y llevo de mi mano a los míos sin posibilidad de escape. Se lo tengo requetedicho: “si no hay zambomba, estrella y portal de belén os desheredo”.

         Hoy es la más buena de las noches que podemos vivir: unos, los menos, por fe y otros, por querer ser. Siempre hay quien pide más y nos dice que navidad debe ser todos los días, pues seguro que sí pero yo me conformo con uno, el día y la noche de hoy. Si hay dos, mejor, pero si al menos durante veinticuatro horas nuestro corazón deja de ser de piedra y se convierte en carne que late, sabremos gozar de ser humanos, no más, sino sencillamente humanos, personas.

         Canten, amigos y amigas, villancicos y que salten los peces por los ríos; yo alzo la copa de anís, con polvorón incorporado, y brindo por la paz y por la “ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”, por esta pluralidad de gentes que musita al regazo del monte y de la mar.

         Por la paz, algo bastante más delicado que la tediosa tranquilidad; por la paz que desprenden, o deben desprender, la libertad, justicia y tolerancia; por la paz que se perpetúa en la sonrisa y no en la ridícula carcajada de lo grosero; por la paz que deseo, la que viene de la mano de la justicia y la fraternidad, ¡oh la fraternidad! ¡oh Fernando!, mi hermano de sangre y alma que murió tal día como hoy, hace dos años, a esta hora que escribo estas líneas.

         Y brindo por Málaga, la que me hizo y me deshace, por su torbellino de ciudad libre, abierta al mar del asombro y a la mar que besa de sal las entrañas de sus hijos.

         Es Navidad, la Noche más Buena. Alzo el anís y suena el pandero. Felicidad es el nombre. Que todos nos cubra.