miércoles, 30 de septiembre de 2015

Al menos, el teléfono o el comentario



Uno, que con seguridad es consciente de que no es tonto del todo, es sabedor que con idéntica medida a la tuya serás medido por los demás, lo que quiere decir, más o menos, que si tú no correspondes a los demás no esperes ser correspondido por ellos, ya que con la misma medida que tú ejerzas con el otro, serás medido por el mismo.

         Pero resulta que uno, por aquello de la miserable edad con la que es medido, sabe de esta ley de la selva humana que dice e incrusta en su código que si no se es generoso en el halago al otro u otra no debes esperar nada a cambio, a excepción de Dely o algún fenómeno extraterrestre como es ella.

         Viene esto a cuento por el tiempo incalculable que transcurre sin recibir una llamada telefónica de alguien que no sea de aquellos por los que transita la misma sangre, que bien pueden ser hija, hermana , algún mensaje de nietas y poco más, que viene a decir que la familia, o sea, los lazos de sangre es lo que consigue que no nos sintamos, me  sienta, solos en esta selva, incluido un servidor.

         Nunca sabrán ustedes, queridos lectores, lo que echo de menos aquellas llamadas de mi amigo Paco Basallote en las que hablábamos por conversar de sus cosas y las mías, y nos sentíamos testigos y protagonistas de pequeñas historias que nos hacían creer que éramos personas, y lo éramos, con nuestros problemas y afectos.

         Ahora el teléfono es el testigo mudo de la soledad que embarga algunas vidas, desde luego que la mía, que han pasado al olvido para otros que consideran, o  han considerado -tal vez un servidor también-, que cada uno tiene lo que se merece al tiempo que, por parecer o intentarlo, creen los otros y otras que uno es más fuerte que el resto.

         Es entonces cuando se llora en soledad, porque llorar en público es algo así como claudicar ante la selva, pero no importa que se crea tamaña tontería porque sería señal de cierta sumisión al poder de una soberbia muy mal entendida.

         Voy pues a realizar un último intento por ser persona normal, o sea: con capacidad de reconocer que con la misma medida que tú definas a los demás, serás definido.

         No es malo sentirse solo, sino que lo realmente maldito es que lleven razón en que eso es lo que uno se merece; pero no, porque uno es una bocana abierta a la mar donde recibe y da el aliento de la universalidad, y no el severo castigo de la mendacidad de un retorcido mundo de homenajes mutuos.

         Ea, hoy he escrito de la vida, de política lo hice ayer.


        

martes, 29 de septiembre de 2015

Casi el "ad hominem" de Goebbels




Si no salgo maltratado públicamente de este “copo”, con toda seguridad que lo seré en la intimidad de corrillos políticos si es que a alguien le da por leer estas líneas.

         Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del III Reich que comandara Hitler, fue, si no el inventor, el que mejor supo interpretar y hacer realidad la propaganda “ad hominem”, estrategia que consiste en atacar al hombre, a la persona, para acabar con una idea, proyecto, organización, partido político, etc. Si día tras día, hora tras hora o minuto tras minuto despellejamos al hombre, todo aquello que este soporta en sus espaldas caerá hecho añicos por los suelos.

         Algo así está ocurriendo con Mariano Rajoy, actual Presidente del Gobierno de España, “culpable” por omisión y comisión de todos los males que caen sobre este páramo, España, donde las sectas y cuadras de críticos con su labor, de fuera y dentro del Partido Popular, acampan esperando darle el “tiro” de gracia; y eso que por ahora no hemos entrado en guerra con el Estado Islámico, pues si tal hecho ocurriera el “juez” Linch quedaría a la altura de una babucha.

         También le salva por ahora que no se ha arropado con una enorme, por grande, bandera española al estilo de Pedro Sánchez o no ha cantado “soy español, español, español” como los acólitos de Albert Ribera, o no pronuncia la palabra patria con la facilidad que lo hace Pablo Iglesias, pues en el remoto caso de que se le hubiese pasado por la cabeza semejantes acciones sería tildado del mayor fascista de la historia de España.

         Hasta su Presidente de Honor, el del clic de Las Azores -el honor no se otorga por votación sino que se tiene o no, dicho sea de paso- le ha pegado un repaso por el mal resultado obtenido en Cataluña, como si no fuese una constante en el PP de mucho años, mientras Pedro Sánchez ha felicitado a Iceta, del PSC, por el mayor descalabro electoral del PSOE en Cataluña; no digamos nada de “Podemos” que ha conseguido que IU de Cataluña pierda escaños.

         Tenemos la suerte de haber encontrado el muñeco de trapo al que darle pelotazos a porrillo, bien por el ébola, se acuerdan del virus y de la que armamos o armaron contra MR, hasta el imprevisible futuro de Cataluña, pasando por los recortes, enchufes, robos, paro, Ebro etc.

         Y para rematar, va el personal dirigente de “Al rojo vivo” de la Sexta a entrevistar a Alejo Vidal-Quadras, el que dejó el PP para “apuntarse” a Vox, a fin de saber su opinión sobre las declaraciones de Aznar que, por cierto, le parecen fenomenales a pesar de que lo expulsó del Partido Popular a instancia del muy honorable Jordi Pujol.

         ¿A que usted se cree que soy del PP?... pues no, lo que no me agrada es que se olvide aquello de que “España es una cuestión discutida y discutible” o lo que es peor, cuando el del “talante” afirmó en Barcelona: “Lo que apruebe el Parlament de Catalunya se aprobará en el Congreso de los Diputados”.

         Venga, no lo duden, practiquen el “ad hominem”, pues atizando a Rajoy todos estamos salvados de culpa.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Pierde Artur Mas




La balconada estaba repleta de perdedores de “Juntos por el Sí” por más que ellos y ellas, grandes actores de la política, se autoproclamaban vencedores de los comicios autonómicos catalanes al tiempo que daban gritos de independencia.

         La verdad es que ganaron, pero ni vencieron ni convencieron a los catalanes de que su futuro, el de los catalanes, debe descansar en la endiablaba lista de fantasmas que arropaban a los del 3%.

         Lo que se dice ganar, Ciudadanos y las CUP que pasaron de la “nada” a representar a un buen número de ciudadanos catalanes que se encuentran en los extremos de la sociedad culé: los primeros por no abjurar de su joven españolismo y los otros por ser la auténtica izquierda antisistema, antieuropea y realmente independentista sin brindis al sol.

         Los de Podemos, andando por esa tierra de nadie, ni catalanes ni españoles del todo, aliados con la Izquierda Unida de Cataluña, obtuvieron menos representación parlamentaria que la IU de J. Herrera en las pasadas elecciones, lo que dará árnica a Alberto Garzón para la batalla final a celebrar en diciembre, batalla en la que Mariano Rajoy, solo ante el peligro, será el enemigo a abatir.

         El gigante Obiols, el hombre “fuerte” del PP, no pudo impedir la demonización del partido que representa y al que todos y todas atizaban carbón encendido; a pesar de ello, obtuvo una mínima representación que le permitirá ser sujeto activo en el puzle catalán.

         Artur Mas no tiene asegurada la mayoría absoluta, al igual que le ocurriera a Susana Díaz en Andalucía, porque la CUP le va a negar el pan y la sal, ya lo ha afirmado, en la próxima investidura; y seguramente tampoco se abstendrá por lo que podría ocurrir que Mas diera un paso a atrás y presente a Oriol Junquera como candidato a regir los destinos de Cataluña y del proceso.

         El plebiscito engañoso en que deseaban convertir los hombres y mujeres de Juntos por el Sí estas elecciones autonómicas también se ha ido al traste, pues la suma de los que votaron constitucionalismo ha sido superior a los que se reafirmaron en la ruptura con España.

         Ahora toca tranquilidad y a esperar que Artur Mas mueva ficha y que el inquilino de la Moncloa sepa responderle con la Ley en una mano y la Palabra en la otra.

         Toca esperar uno días, los suficientes para que el batiburrillo y los cantos pasan a un segundo plano, mientras se entierra, políticamente, al señor Lleida.



domingo, 27 de septiembre de 2015

Les va la vida en ello




 Carmen y Juan están enamorados desde hace un cierto tiempo, pero la dichosa política había introducido sus fauces en medio de ellos y la felicidad que se prometieron parecía tambalearse; siguen amándose, pero ya no es lo mismo pues pasan más tiempo hablando de las elecciones del día de hoy que echándole cemento, besos, a su proyecto de amor eterno.

         Carmen, que milita en la CUP, se siente independentista catalán y Juan es de Ciudadanos; hace un par de años paseaban como tantas otras parejas cogidos de sus manos, haciendo proyectos para el futuro y hablando del Barça y Messi.

         Hoy todo parece haber cambiado, pues un nuevo sentimiento ha venido a interponerse: la política y sus efectos. Han quedado en verse por Las Ramblas después de que cada uno haya depositado su voluntad ciudadana en una urna de cristal; ella es militante activa y se había apuntada voluntaria para ser apoderada de la CUP, Juan no es tan fiebre como ella y solamente ha ido a votar a Albert Ribera.

         Ambos son catalanes, de padres y abuelos catalanes, pero sus lugares de formación son diferentes, y para qué engañarnos: los estudios, al igual que dice la Iglesia de los Sacramentos, imprimen carácter, o sea, una especie de tatuaje intelectual del que es muy difícil desprenderse a no ser que la propia vida nos haga ver los hechos de forma diferente.

         Juan había conseguido, a trancas y barrancas, que Carmen no ejerciera como Apoderada durante la mañana. Se vieron y se besaron en sus mejillas con total naturalidad; hablaron algo de la lesión de Messi y coincidieron en que eran numerosos los votantes que habían acudido a ejercer su derecho ciudadano. En fin, nada del otro mundo.

         Farfullaban, pero no conversaban y miraban una y otra vez sus respectivos relojes esperando el momento en que ella, Carmen, decidiese que tenía que cumplir con sus obligaciones de afiliada; una extraña frialdad se había interpuesto entre ellos, algo así como un tenue cristal a través del que se veían, pero sin llegar a tocarse.

         Los dos sabían que una sola pregunta entre ambos podía hacer añicos el silencio que, aunque aplastante, todavía les unía, de manera que decidieron seguir callados.

         Pasado el mediodía, Carmen, mirando a Juan, comentó: “bueno, me voy”; y Juan, observándola, contestó: “vale”; pero él sabía que ella se había ido para siempre, aunque permaneciese con él.

Aunque sería justo afirmar que igual pudo ser al revés.

sábado, 26 de septiembre de 2015

El mendigo Juan




En la puerta de una iglesia, medio afuera medio adentro, se pone Juan el mendigo para ganar dinero y dar comida a su gente; pasan fieles al precepto de oír completa la misa, escaso tienen el tiempo de ejercer la caridad, y ahora no es el momento.

Medio adentro medio afuera, en el pórtico del templo espera el mendigo Juan a que se sienten muy serios los cristianos que a su paso le negaron alimentos. Se rebusca en el bolsillo, enciende un cigarro negro y recuenta las monedas entre sus morenos dedos.

Nunca estuvo en la capilla, y está sintiendo el deseo de colarse como bruma entre tantos hombres buenos. Da al cigarro una calada, expele los humos lejos, se santigua como puede y abre la puerta con miedo.

Cargadito de temblores secó el sudor con pañuelo; se adentra por el pasillo, busca sitio en los asientos y entre el cuarto y sexto banco consigue tener un hueco.

La señora de la izquierda se mueve con bamboleo, vaivenes con sus tacones hacia el pasillo del centro. El sitio se pone grande para el pobre limosnero. “La gracia y la paz de Dios esté con todos vosotros”; el padre cura está hablando, lo contempla Juan absorto. Nunca le entregó moneda,  pero llega al templo pronto, y aparca su coche nuevo a la vera del madroño.

Buenos días señor cura, pero parece que es sordo.  Antes de celebrar misa, recitemos los pecados; la de los altos tacones baja sus ojos de cardo. Juan el silencio percibe, levanta sus ojos alto y un suspiro se le escapa: “mi amor no probó pecado”. Carraspeo en la derecha: “silencio estamos rezando”.

“Gloria al Dios del Universo y en la tierra paz”“Y papas, sustento, comida y sal que mi niña se me apaga si no llevo del mercado botellas de leche blanca.” Le dio cosilla el decirlo, se lo dejó en las entrañas, no quiso gritarlo fuerte para no romper la calma.

Abrieron los Libros Santos, leyeron trozos amenos de las andanzas de un Hombre de profesión carpintero, multiplicaba los panes y repartía alimentos a todos los hombres pobres.

Decía Juan pensativo: “No hay pobres en los templos”.