viernes, 18 de diciembre de 2015

Votemos por el amor



El Estado -que no sé muy bien lo que es, pero al que tengo cierto temor-, amor, nos pide que reflexionemos durante el día de hoy, por mañana, para depositar o no un voto en las urnas.
         
        Si tú y yo nos ponemos a reflexionar perderemos una caricia, un beso, un momento de pasión, un día de nuestra vida; no hagamos el menor caso a esta maligna recomendación estatal.
          
          Te he llamado por teléfono para vernos y amarnos furtivamente, y tú me sueltas que estás estudiando qué vas a hacer políticamente este domingo, y yo me he quedado sorprendido de semejante estupidez.
          
          Da lo mismo lo que votemos, pues los pobres seguirán siendo pobres y los ricos, más ricos; nosotros nada más nos tenemos a nosotros, el resto nos sobra; tú y yo conformamos el paraíso, ese lugar que nos quieren robar durante un par de días con una payasada más.
          
          Te propongo, amor, que nos perdamos en nuestra inimitable selva de irreflexión, en ese lugar donde la noción del tiempo se pierde y la miseria da paso al gran milagro del amor.
          
          Un milagro dicen que es algo sobrenatural, pero nosotros, amor, hemos llegado a saborear que desatar alocadamente los sentimientos es configurar un camino real para llegar a ser lo que dicen que somos, o sea, humanos, sí, pero en tensión a la divinidad, o sea, para llegar a rozar lo divino tenemos que olvidarnos de nuestras miserias, ya sabes, de este inmundo mundo y construir el nuestro aunque sea por unas horas.
          
         Y no conozco otra forma de conseguirlo que sabiendo que te beso y sintiendo que me besas, dejando de ser yo e intentando contigo formar un nosotros que nada lo enturbie; me tienen aburrido, amor, con la martingala esa que votar es un derecho o un deber, no quiero más derechos y deberes pues contigo tengo lo necesario para conseguir la felicidad que nos merecemos.

Votemos por eso, amor, por la felicidad de pasar un tiempo que nos sepa a infinito. Ya sabes, te espero donde siempre.
  


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