viernes, 11 de diciembre de 2015

Lloré y reí de lo lindo




Hace un cierto tiempo que no me encuentro bien de salud, lógico por la edad más el tabaco más algunas que otras copas; si a ello le añadimos que si miro para atrás contemplo que casi todo lo que tenía que hacer lo hice y que si observo lo que me queda es tan sólo esperar y esperar, comprenderán queridos lectores que existan días que pasen de refilón en cuanto a todo aquello que se llama acción.

         Ayer fue uno de esos días, y así como el que no quiere la cosa me senté en el sillón delante de la tele y fui zapeando hasta dar con una peli que me pudiera interesar, pues de política estaba algo harto y el Gran Vía, mi segunda alma, se encontraba cerrado por reformas que, uf qué miedo, no eran constitucionales.

         Me topé con un film protagonizado por Sean Penn, “Yo soy Sam”, que se argumenta en la batalla que un padre, de cierta endeblez intelectual, entabla contra los poderes de la normalidad para que su linda hija no le sea arrebatada a causa de su deficiencias.

         Ustedes seguro que lo conocen, me refiero al film, pero un servidor era la primera vez que visualizaba tamaña maravilla; soy conocido en el GV no por la prepotencia, sino porque cuando llego a la “Parroquia” leo la prensa local al tiempo que injiero un cortao; cualquiera de los amigos que puedan estar por allí rápidamente me preguntan con sorna: “Qué, Pepe, buscando una película para llorar”. Y es que ellos saben que me encanta ensanchar las glándulas lacrimales para que dos ríos surquen mis arrugas.

         Pero lo de la sentada de ayer pasará a la historia porque reía y lloraba al mismo tiempo, reía porque las interpretaciones de la linda niña, la abogada y Penn eran auténticos milagros prestados por un par de horas para ser feliz y, al mismo tiempo, para que en temas de corazón pudiese observar que el mío no es de cartón o de piedra.

         Qué tardenoche me pasé, nos pasamos, haciendo un servidor pucheretes para que ella, la “Pastora”, no cayese en la cuenta de que yo era un blandengue cualquiera, de forma y manera que para no hacer más el ridículo estallé en un profundo y sentido llanterío.

         Y lo pasé chachi, de p.m.

www.josegarciaperez.es

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