martes, 15 de diciembre de 2015

Berberechos perdidos por tonto




  Y con razón los “parroquianos” del Gran Vía se partían de risa cuando los dejé la pasada noche para ir a casa a ver y escuchar el debate entre Sánchez y Rajoy; ya ven que me marché en el momento que íbamos a probar unos sabrosos berberechos que Ignacio, oh Ignacio, había traído desde los mares que bañan Cantabria.

         Pero yo, esclavo de ustedes, en vez de la buena gastronomía tenía que dar fe del debate de dos candidatos a regir nuestros destinos, y lo que es peor nuestros vacíos bolsillos; me ha salvado que hoy, cuando he bajado de nuevo al GV seguía con cierto gozo una segunda degustación de productos de Huelva, ya saben, la mandanga de las blancas gambas y de las proscritas coquinas; y así entre chupeteo y chupeteo les he informado de lo sucedido ya que ellos, extraños amigos, han llegado a la fértil conclusión de que se fían más de un servidor de ustedes que de lo que diga la sectaria prensa de izquierda y derecha. Lo mejor, les dije, lo más entretenido el cruce de insultos que se han zumbado ambos contendientes, mientras Albert e Iglesias se partían de risa entre abrazos y besos al regazo amigo de la Sexta TV.

         Que yo no digo ni quiero decir que uno sea indecente y el otro ruin, pero que se lo han puesto en bandeja a los equipos “naranjas” y “morados” es una verdad como un templo; a mí nadie me va a convencer de lo que tengo que votar pues, dado que no existe mi utópica opción verde y blanca, que no es el Betis, vaya por delante, voy a lo más práctico: votaré a aquel que me diga claramente que va a respetar mi pensión, la que me permite eso de tomar una copa o dos con o sin berberechos.

         Pero qué va, mientras el dúo emergente, ya saben, se hacen carantoñas con salero y se creen los elegidos por el Supremo para salvarnos del terror de la “casta”, los pertenecientes a esta se llevan unos papeles en azul y rojo y, plaf, comienzan a hablar de la hucha de las pensiones; pero yo, viejo y taramba, no me entero de nada.

         Será llegado el domingo día 20 para votar mi supervivencia y es por tanto poco el tiempo para husmear quién me va a asegurar un par de años, más o menos lo que creo que me quedan por vivir, ese par de copas y alguna extravagancia que bien pudiera ser un bogavante al mes.

         Lo demás, para ustedes que de esto entienden un rato largo.

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