domingo, 6 de diciembre de 2015

Algo triste sí estoy




Como hombre normal, maestro nacional, tuve el inmenso privilegio de ser uno de los 350 diputados que aprobó la Constitución Española de 1978; cercano ya a los 80 años de edad soy un “ex” de casi todo menos de escribir, de manera que cuando de tarde en tarde tengo que escribir un pequeño currículum el texto está al completo del prefijo “ex”, menos un pequeño título que prevalece y del que presumo aunque ni lo uso ni me dan oportunidad para ello, el mencionado título es el de ser “Miembro de la Orden del Mérito Constitucional” por nombramiento de S.M. el Rey Juan Carlos I de España; los miembros de esta Orden van cayendo poco a poco como las hojas de este maravilla de otoño que estamos viviendo, y si resulta que, por ejemplo, aquí en Málaga fuimos los elegidos ocho diputados allá por 1977, quedamos tan sólo cuatro "mosqueteros", cuyas edades están incluidas entre los septuagenarios, siendo el mayor de ellos el que esta letras escribe.

         En contadas ocasiones, muy contadas, hemos sido invitados por las autoridades nacionales a acudir a la Fiesta de la Constitución en la Carrera de San Jerónimo; cuando digo invitados no quiero decir con los gastos pagados, sino que cada quisque se rascaba el viaje y la manutención de su propio bolsillo; si esto ocurre a nivel estatal, no quiero decirles a nivel local donde un “diputado constituyente” vale para gobernadores, alcaldes y presidentes de diputaciones -no digamos ya a la comunidades de vecinos- menos que un pepino.

         Pero es que este año es especial y, por ello, también lo es mi tristeza ya que algunos líderes que se están batiendo el cobre para gobernar este país y que no tienen representación en el Congreso sí que han sido invitados al acto de celebración, hasta uno de ellos ha dicho que sí con la condición de no ponerse la chaqueta.

         Para los pocos que quedamos de aquella “casta inmunda”, que no son los que actualmente representan la soberanía popular, podían haber construido, digo yo, una especie de jaula para prehistóricos y poder comprobar como los que desean cepillarse el tildado “candado del 78” son agasajados por reyes, presidentes, jueces y demás camada.

         Ustedes me permitirán este desahogo, pues así suelto el venenillo y mi estómago queda preparado para ingerir unas buenas copas de Moet & Chandon y brindar por aquellos que supimos dejar grandes diferencias a un lado para que España, ay España, pudiera disfrutar del mayor tiempo de paz y prosperidad, a pesar de la actual crisis, que se conoce en nuestras historia.

         Va por ustedes: chin-chin-


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