martes, 24 de noviembre de 2015

Ser feliz a pesar de todo




Una de las grandes frases de Charles Chaplin es “Sé feliz y sé tú, pero ante todo sé tú mismo”, o sea, que para este inolvidable genio toda la felicidad posible de la persona estriba en ser uno mismo, tal como ha sido parido y con su ADN, fiel acompañante del que no se puede renegar, disimular o aniquilar por más que los otros así lo deseen.

         Y es que la felicidad suprema consiste en no traicionarse a sí mismo, en no aparentar sino ser, en no presentarse con máscaras engañosas sino tal como uno es, en no querer agradar sino en ser aceptado porque sí, en no aparentar ser sepulcro blanqueado sino en mostrar la pizca o mucha vida personal que poseemos, o sea: en mantener el equilibrio entre lo que pensamos y realizamos.

         Viene a cuento este pequeño vericueto de nuestra propia personalidad porque de aquí, hoy, a un par de días la escritora Maruja Torres va a presentar un libro con el título de “Manuel Carmena en el diván de Maruja Torres” en el que la primera, la alcaldesa de Madrid, confiesa ante la escritora que si pudiese rebobinar su vida actual al mes de febrero pasado hubiese dicho que NO a la propuesta de “Podemos” para encabezar la lista a ser regidora de los vaivenes de los madrileños, y todo ello porque en la actualidad “no es feliz”.

         Ahora, cuando se acerca el momento de la presentación del libro, recula algo en la afirmación de su infelicidad confesada y afirma que no se arrepiente de lo que hizo, pero amiga “lo escrito, escrito está”; claro es que estamos ya acostumbrados a esta manía de la marcha atrás de Carmena; por ejemplo, y me parece muy requetebién, ahora se ha desdicho de aquello de no poner un belén y sí lo va a hacer colocándolo en las Cibeles.

         Y aquí se encuentra perfectamente claro el desequilibrio que nace y escuece en la personalidad cuando no se tiene muy claro entre lo que se cree, lo que se es, y lo que se aparenta.

         Dejando a un lado disquisiciones políticas, lo importante y deseable es que la señora y alcaldesa Manuela Carmena sea feliz en la medida en que exista ese equilibrio entre lo que se aparenta y lo que realmente se es, porque si emerge un desequilibro resultaría que lo pagarían muy caro sus queridos madrileños y madrileñas.

         Es por ello que mi deseo no es que Carmena deje la alcaldía de la capital del Reino, sino que sea muy feliz con ese cargo porque si no se convertirá en carga y ella, la primera, será desgraciada y ya no digamos el resto.

         Pues eso, que se defina para ser ella misma: cuestión difícil para la alcaldesa y para todos y cada uno de nosotros.


        

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