lunes, 9 de noviembre de 2015

Los problemas y mis problemas



El personal puede creer que es puro egoísmo que nos preocupemos más por los más cercanos o próximos que por el resto; pero la vida es así, con sus jubilosas excepciones como pueden ser todas esas personas que a través de organizaciones internacionales se ocupan y preocupan de los más desfavorecidos jugándose en algunos momentos la propia vida.

         Me entristece no ser como ellos y ellas, y vivir y convivir tan sólo con los llamados míos; tan sólo alguna ligera calderilla, que por regla general me sobra, puede y de hecho alivia la economía del otro, del extraño pero que debería ser tratado por mi parte como un auténtico hermano.

         Tengo dos nietas que son una auténtica maravilla: Carmen, la mayor, es un ciclón de belleza, bondad y alegría con capacidad a sus diecisiete abriles de volverme loco a mí que creo conocerla, no digamos a los que no la conocen, Elena, la menor, parece un remanso de paz aunque algo debe tener la chiquilla cuando ha sido elegida por su currículum escolar con una beca Erasmus para pasar unos diez días en Grecia, más concretamente en Tesalónica, para, dicen, perfeccionar el inglés.

         Desde que partió ayer para tan lejano destino mis horas están repletas de suspiros y de watsapps, los suspiros me los trago yo y los watsapps los envío de forma moderada para no pecar de abuelazo: como con ella, duermo con ella y, esencialmente, me despierto estos días con el pensamiento puesto en mi “merenguito”, pues parece tan frágil la criatura, aunque no es así, que no paro de pensar en ella.

         Este que les narro hoy es mi auténtico problemón que desaparecerá el día que escuche su chorrillo de linda vocecita desde el sur de Europa, me refiero a Tarifa que es donde habita la condenada nieta.

         Cuando hablo con los amigas y amigos, más con las primeras, o me retrato como hoy en este “copo”, la boca se llena de Elena y presumo de lo lindo, pero en el fondo lo que largo por la sinhueso es mi preocupación por lo lejana que se encuentra de mis manos, y tod@s me dicen lo mismo: que no me preocupe pues lo mío es un chollo.

         Este viacrucis que estoy pasando es para mí mucho más doloroso que todo lo que la señora o señorita Forcadell, a la catalanista me refiero, pueda estar haciendo en estos momentos.

         Lo cuento como lo siento.


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