martes, 3 de noviembre de 2015

Los jóvenes, los viejos y el 20-D




 La edad, entre otros factores, como tal vez el sexo, podría ser de gran influencia antes de que la ciudadanía malagueña, y lógicamente la gran españolada, en las próximas elecciones generales, haya comprado algún que otro polvorón y/o mantecado con una miaja de turrón de jijona en las vísperas del 20-D.

         Cuando ya dieron oficialmente por muerto al dictador Franco, los grandes maniobreros tardo franquistas de la política española extrajeron de la manga a un hombre seductor llamado Adolfo Suárez para colocarlo frente a los “demonios” que venían a “quedarse” con las tierras de los ricos, al tiempo que la potente socialdemocracia alemana de WB inyectó presuntamente una buena tarascada de marcos alemanes en las entrañas de un perfecto comunicador de masas, Felipe González, después que este mandase al marxismo muy lejos de unas bases muy de izquierdas.

         Los dos, Felipe y Adolfo, arañaron una gran tarascada de votos a los viejos conocidos Fraga y Carrillo y se hicieron con los escaños necesarios para conseguir una gran mayoría que pudiese cristalizar en un consenso que uniera a los españoles que habían vivido la cruenta guerra incivil y a los que padecieron la postguerra, o sea, la “carantoñas” de los vencidos.

         Albert Rivera es guapera, me dice la vecina del quinto, pero no es seductor, como me asegura la del segundo, porque le falta esa pizca de sonrisa fácil y pillina que tenía Adolfo; y es cierto, pues da la sensación de que carece de la cualidad de asombrar, cualidad que siempre tuvo el tahúr del Misisipí y duque de Cebreros; y tampoco Pedro Sánchez, que no dudo de su saber estar, pero no es un buen comunicador pues para el pedazo de cuerpo que posee, su voz meliflua no le acompaña y dicen los expertos que la mujer especialmente, pero también el hombre, comienza a ser seducido por el oído y, después, vendrá la vista.

         Pablos Iglesias, del que se esperaba más de lo que está dando, ha pinchado en hueso porque un día está agotado, al otro se larga del Europarlamento,  hoy se alía con Bildu para ir conjuntamente a por un plácido sillón en el Senado. Y Garzón, Garzón el que tanto gusta a mi amiga Lola, a un servidor tampoco le desagrada, sigue hablando de las “capas populares”, algo que no le pega al hermano de El Rescate.

         Y nos queda el sesentón de Rajoy que, ante tantos jóvenes embravecidos, podría dar la sorpresa en esta España repleta de una senectud que ya no muere del dolor miserere, disentería o una pulmonía mal curada y que es el sostén social de muchísimas familias si las pensiones de los niños de la postguerra se siguen manteniendo.

         Si yo dijese lo que barrunto se enfadaría una buena amiga que tengo por Asturias, y es tanto lo que amo a la tierra del bruto de Pelayo que lo mejor es callar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario