miércoles, 25 de noviembre de 2015

Los debates, la guerra y los de siempre




Todo el tinglado de tertulias y debates está poniéndose demasiado pesado; hasta el eterno y sabio Rubalcaba ha asomado la “patita” hoy por La Cuatro para intentar imponerse como ex Ministro de Interior: ¡ojo al dato!

         Lo que decía y mantengo, o sea, de aquellos tiempos en que la “casta”, léase Felipe y Aznar, comenzaron con el debate a dúo, uno o dos a lo más, hasta esta escalada de uno con uno, dos con dos, tres contra Soraya, el baile de la “hormiguita atómica”, la guitarra de Iglesias, los cochecitos de Albert, el avioncete de Iñaki con Sánchez, los líderes en “el partido de las doce”, los comentarios en la Cope de Mariano Rajoy sobre los partidos de la Champions League y la biblia en verso está produciendo una inflación de la búsqueda de la verdad que no hay dios con capacidad de entender lo que dicen y proponen unos y otros, excepto que todos quieren que Rajoy pierda las elecciones; y lo que son las cosas, contra viento y marea todos los sondeos lo dan como vencedor sin mayoría absoluta.

         Y la guerra, ¡oh la guerra!, que proclamara el Presidente de la República Francesa en aquella solemne sesión de su Asamblea Nacional: “estamos en guerra”. La denominación del posible conflicto bélico con esas seis letras ha conseguido que vuelvan a resonar aquellos “tambores lejanos” del año 2004 con el “No a la guerra”; de tal forma que ya el próximo sábado queda convocada una manifestación contra la guerra con el lema: “conmigo que no cuenten”.

         Tiempos de guerra dicen, y tiempos de elecciones: digo yo. Todos los políticos con miedo a equivocarse, menos “Podemos” que, por ahora, le ha quitado el puesto al PSOE convocando un “Consejo para la Paz”, al que parecen sumarse los de siempre: los artistas que viven del arte y Federico Mayor Zaragoza, el hombre bueno que viene a salvarnos de la salvajada del llamado Estado Islámico que, según sus vídeos de propaganda, si declara el exterminio de los infieles entre los cuales, según sus componentes, me encuentro.

         ¿Deseará el pueblo español que el Gobierno o los integrantes del “pacto antiyahidista” o la Diputación Permanente de las Cortes Generales aprueben que nuestras tropas, de forma concreta, ayuden a Francia y a nosotros mismos?

         No respondo a semejante cuestión no sea que me ataquen de belicista o pacifista.

         Ustedes dirán.


        

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