jueves, 5 de noviembre de 2015

La vergüenza del Rincón de la Victoria



Soy católico porque fui bautizado siendo un servidor un bonito bebé, y como no he escrito al Papa para ser apóstata pues sigo siendo cristiano católico porque dicen algunos teólogos que el sacramento del Bautismo imprime carácter, ¡toma ya!
        
         Dicho lo cual, añado a continuación que eso no me concede ser hijo de Dios, sino que sigo siéndolo de los santos difuntos “Fernando el de la Imprenta y de la señora Antonia”, mis padres, y digo más, se bautice el personal o no todo quisque es hijo de Dios por más que le pese a algunos, aunque no exista un dios capaz de definir lo que es Dios.

         También un día hice la primera comunión que, por cierto, Pepe el Pinto la cantaba como Dios; recogí unas pesetillas a cambio de unas estampas -qué daría por tener una de ellas- y con las perrillas me compraron un par de pistolones con una soberbia canana y jugué lo indecible a ser Billy “el niño”, un pistolero con un par al que mató su amigo Pat Garret.

         Gozaba como “guarro” en un charco con los belenes y las “pastorá” que existían por el Barrio Obrero de Melilla e íbamos de casa en casa dando la tabarra para que vecinos y familiares nos dieran el aguinaldo, y con lo recaudado comprábamos cartuchos de pipas a perra gorda.

         Los señores ediles sabelotodo del ayuntamiento del Rincón de la Victoria (Málaga), todos bautizados y comulgados y visitantes de belenes con molinos, ríos y portalitos con la mula y el buey, reunidos sin nocturnidad han aprobado un par de cosas importantísimas para el bienestar de la chavalería del Ríncón, a saber, suprimir el belén del Ayuntamiento porque este es un sitio público, aunque no han consultado con el pueblo, y aprobar  las comuniones civiles, o sea, un misterio más grande que el de la Santísima Trinidad, pues yo, desde este “copo”, prometo asistir a la primera comunión civil que celebre el Alcalde del maldito lugar público donde los niños no podrán ver a una estrellita colgando de una cueva y a tres magos montados en camellos, aunque me dice un buen amigo que lo llevaban en sus programas electorales.

         Eso, lo que ha realizado la pandilla política del Rincón, es hacer historia que ya, para siempre, quedará en los anales del ridículo, pues tanto creen dichos concejales en Herodes y Pilatos que los han suprimido por un acuerdo de pleno.

         “Pero miran como beben los peces en el río…”

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