miércoles, 18 de noviembre de 2015

El minuto de silencio





Lógico que intentemos unirnos a las víctimas francesas, también españolas, de París de alguna forma simbólica: un escrito, una oración, la incorporación de su bandera en nuestras páginas o con un minuto de silencio en cualquiera de los actos públicos que, por tan luctuoso acontecimiento, han tenido lugar en nuestro país; al fin y al cabo no es mucho pedir que durante sesenta segundos nuestra mente permanezca fija, difícil de conseguir, en aquel acto terrorífico.

         Pero no todo el campo es orégano; por ejemplo se ha aireado muy poco el minuto de “silencio” que ha tenido lugar antes del partido de fútbol entre las selecciones de fútbol de Turquía y Grecia en la que una gran parte de la hinchada turca, no dos o tres descerebrados sino unos pocos de miles, han silbado durante esos segundos y gritado “Alá es grande”, grito que a buen seguro no ha sido del agrado de Alá, Dios.

         O lo sucedido en el Ayuntamiento de Córdoba regido por el PSOE con el apoyo de Podemos e IU, en el que después de guardar el minuto de silencio “oficial”, una concejala “podemista” ha pedido otro sesenta segundos más por las víctimas que los cazas franceses hayan podido ocasionar por el ataque contra puntos estratégicos del autollamado Estado Islámico, a lo que la oficialidad municipal ha accedido con la retirada de los ediles del Partido Popular.

         Vamos, que además de la guerra que proclama el Presidente de la República Francesa contra el EI, comienza a germinar por nuestros andurriales otra socavada guerrilla entre algunos partidos políticos que se encuentran a la espera de que el presidente Mariano Rajoy se defina o no por apoyar militarmente a Francia y Rusia que por su cuenta y riesgo, el primero país por lo masacre del pasado viernes en París y el segundo por el atentado al avión destrozado por los lugares del Sinaí, han declarado la guerra al EI.

         Mientras Pablo Iglesias solicita la creación de un Consejo de Paz y la convocatoria de un referéndum nacional para aprobar si vamos a la guerra o no (¿qué guerra?), el Registrador señor Rajoy ejerce el despiste como buen gallego que recuerda la carnicería de Atocha y que sabe que la cartelada del “NO A LA GUERRA” (qué guerra) está preparada para pasearse por la calles de este país, el nuestro, que gusta y se relame en la perpetua división.

         Sigamos, pues, con los minutos de silencio.

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