martes, 17 de noviembre de 2015

¡Ay Carmena, ay Carmena!




Sin olvidar la matanza de París, hecho que siempre permanecerá en la memoria de todos, tenemos que intentar volver a la normalidad del día a día, lo que se conoce por la “terrible cotidianidad”; y como la actualidad, aparte de intentar sobrevivir al tedio, es todo aquello que se relaciona con la política de nuestro país no es malo darse una vuelta por los alrededores de ella.

         A mí no me cae mal ni bien Carmena, la alcaldesa de Madrid que perdió por un concejal frente a Esperanza Aguirre, la que aparca donde le viene en ganas; porque no debemos olvidar que la ex juez es la regidora de la capital del Reino de España gracias a los votos de la lista del PSOE que estaba comandada por el señor Carmona, aquel que fue tildado de “subnormal” por el hombre de los fichajes políticos, Pablo Iglesias, señor que está haciendo una perfecta selección para su futuro gobierno de nuestro país, ya saben, un ex general para el Ministerio de Defensa, una juez para el de Justicia, un hombre que atiza bien para, me supongo, el de Interior, aunque algunos que le habían dicho “sí”, caso de Javier Pérez Royo, ahora le dan calabaza y otros que estaban agazapados en la escombrera del olvido, caso de Luis C. Rejón intentan volver la política activa.

         Y no me cae bien o mal Carmena porque no es la alcaldesa de esta “ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”, sino que lo es Francisco de la Torre con el que hace unos días compartí, en el mismo local pero a una muy prudente distancia, un magnífico plato de berzas con una “pringá” buenísima, como mandan los cánones, para engordar el colesterol.

         Pues bien, Carmena “la del atasco” este año no va a poner un belén en el ayuntamiento madrileño porque no todos los chulapos y chulapas de Madrid son católicos y porque el pasado año, según consta al parecer, tan sólo fue visitado por cuarenta y cinco mil de ellos; eso, con perdón, no me lo creo porque no puedo pensar que a ese grupo de visitantes se le fuese preguntando uno a uno si eran o no católicos.

         Pero suponiendo que así fuese, cabe preguntarse por qué el “Día del orgullo gay” se iza la bandera del arcoíris en el ayuntamiento de Madrid cuando un servidor cree, con cierta posibilidad de error, que no todos los madrileños y madrileñas son gays sino que hay la posibilidad de que exista algún que otro u otra heterosexual.

         Sin importancia, pero escribo este copo para que el ambiente se distienda algo.


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