domingo, 25 de octubre de 2015

La Iglesia Católica


Según “El Confidencial” la Iglesia Católica va a la deriva porque los españoles ya no se casan en el altar, no van a misa los domingos y no bautizan a sus hijos. Claro que a continuación analiza el estudio del CIS sobre la institución eclesial y no es tan negro el panorama como lo pinta el medio, o sea, que más del 50% de los españoles, pero bastantes más, hace lo que dice El Confidencial que no hace.

         Y suponiendo que sea cierta la mentira de El Confidencial, lo lógico, por inteligente, sería dejarla morir lentamente y que se diluya la fe del carbonerillo en un santiamén; pero algunos partidos de izquierda dándose cuenta de la debilidad que atraviesan los siervos del nacido en Belén y los servidores del Papa Francisco han estimado oportuno, por aquello de los votos y algunas teorías obsoletas ir a por todas y negarle el pan y la sal a los “curas”, creyendo que son los curas y las monjas los que adoctrinan a la ciudadanía para que amen la esclavitud.

         El más intransigente, tal vez de forma teórica, es este político que no sabe dar un quejío en forma de grito y emplea un tono melifluo y ridículo cuando se enfada por lo que la catequista de Triana, la presidenta andaluza Susana, esta sí que sabe poner los puntos sobre las íes como buena bética y amante de la Trianera de la calle Pureza, está que se la comen los demonios.

         Mira que si en el fondo fuese cierta aquella frasecilla que soltara Saulo de Tarso cuando afirmó que “la verdad os hará libres”; la verdad, ya ven, esa cosa tan rara que el poeta León Felipe se encontró un día, la tomó entre sus manos y como saltaba la introdujo en una bolsa; marchó a casa y la verdad se había hecho más grande y entonces la encerró bajo llave en una especie de caja grande o sagrario y éste comenzó a latir y la puerta rompió la cerradura y la verdad asomó su rostro y el poeta, no sabiendo qué hacer con ella, la cogió entre sus manos se la tragó; pasados cinco minutos el hombre poeta estalló en cien mil pedazos que se esparcieron por todo el mundo y fueron a caer junto a tullidos, enfermos de ébola, leprosos, etc., mientras que hombres y mujeres, auténticos latidos de la verdad, cuidaban de ellos y limpiaban con amor lo que supuraban sus heridas.

         Y ahora llegan Pedro, Pablo, Alberto, Baltasar y el Kitchi, entre otros, a culpar de todos los males a los hermanos del hombre que pasó haciendo el bien por este mundo.

         Confiemos en que Susana por un lado y el sentido común por otro nos hagan comprender de una puñetera vez quiénes son los auténticos culpables de la canina que nos rodea.


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