viernes, 9 de octubre de 2015

La CUP




La CUP puede gustar o no a determinados ciudadanos, pero ahí está, presente en Cataluña con una difícil misión: dar o no dar su apoyo a Artur Mas para que sea investido Presidente de la Generalitat o abstenerse en una segunda votación para lo mismo o votar en contra y ser consecuente con su política antisistema y anticapitalista.

         Por Cataluña, y también por el resto de España, existen apuestas para todos los gustos: los que creen que se doblegarán ante la burguesía catalana y lo que estiman que nunca lo harán.

         Si para escribir columnas de opinión hay que mojarse algo, un servidor augura que negarán su voto al emperador Artur, aunque si este se retirara por la razón que fuese creo que con su ayuda podría investirse Oriol Junquera o el tal Romeva.

         Aunque su forma de entender la política es totalmente asamblearia, pancatalanista y antieuropea y no van con mi manera de entender el hecho político no dejo de comprender que sí es cierto lo que dicen son totalmente congruentes con su forma de pensar.

         Y me estoy refiriendo a su decisión de no presentarse a las Elecciones Generales del próximo 20 de diciembre porque ellos y ellas no reconocen al Estado Español, sino que toda su acción política la circunscriben a Cataluña, Valencia y Baleares: no son pues como Amaiur o Bildu que, no reconociendo a España como nación, tienen la caradura de cobrar de sus enemigos y destrozar un libro de la Constitución Española en el mismísimo Congreso de los Diputados; para qué hablar de Esquerra Catalana o Convergencia que, pensando más o menos lo mismo, aunque con menos garra, forman parte de Comisiones y Ponencias que legislan para todo el Estado Español.

         Estos al menos, me refiero a los componentes de la CUP, guardan un excelente y riguroso equilibrio entre sus palabras y sus hechos, algo difícil de encontrar en todo el espectro político, me refiero al enorme desequilibrio entre lo que se promete y realiza.

         En fin, esperemos para saber en qué queda todo este tinglado pues siempre habrá tiempo para desdecirse.

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