miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Qué será de aquellos abuelos andaluces?



Para una de las numerosas elecciones celebradas en España, compuse una Elegía andaluza, poema que recitaba en los mítines una veces abriendo los mismos y en otras ocasiones, cerrándolos; debo afirmar que era bien acogido entre los andalucistas presentes en los actos y, en la actualidad, cuando soy invitado a algún recital, hecho que ocurre de higo a breva, sigue formando parte del repertorio que elijo para intentar sacudir la modorra que se apodera de los pocos asistentes a un acto poético, ya saben, según Juan Ramón Jiménez: “una inmensa minoría”.

         La primera estrofa del citado poema es la siguiente: “La de los cantes
de siempre,/ Andalucía, la fiesta./ La de míseros jornales,/ Andalucía, la pena./ La que te vendes por nada,/ Andalucía, ramera./ La que muere y resucita,/ Andalucía, grandeza…

         Ignoro si como pueblo, Andalucía podrá salir alguna vez del estado de postración en el que se encuentra, y me refiero a su identidad como pueblo y no particularmente a cada andaluz; de usted para mí, mentiría como un cosaco si aventurase que sí es posible que tal hecho sucediera.

         Cuando en estos días, y hasta el próximo veintisiete, escucho y leo el tratamiento que se da los andaluces en los ya inminentes comicios catalanes siento una cierta vergüenza apoyada en una rabia que corroe mis entrañas cuando se habla de los abuelos andaluces que tuvieron que emigrar -los charnegos de aquel tiempo- y de sus nietos que, en ocasiones, son protagonistas en las citadas elecciones.

         Numerosos candidatos colocan a sus abuelos andaluces, aquellos hombres de la maleta de cartón que emigraron a Cataluña en busca del sustento necesario para que la dignidad no quedase en pura palabrería, como ejemplo del hecho multirracial catalán; es en ese instante cuando agarrándome la parte baja de mi vientre me parto de risa. Y es que ahora andan de nuevo explotando a los andaluces para la obtención del voto, y pobre de aquel candidato que no tenga un yeyo andaluz, extremeño, etc.

         Deseo arrastrar hoy en este copo un hecho político desconocido para numerosos ciudadanos que acaeció en 1980, año de las primeras elecciones autonómicas de Cataluña, cuando el PSA-Partido Andaluz tuvo la osadía de presentar su candidatura a las citadas elecciones, y setenta y cuatro mil andaluces, algunos de ellos abuelos de candidatos de hoy, otorgaron su voto a dicho partido que, por cierto, obtuvo representación en el Parlament con dos escaños; los dos escaños más sabrosos y valientes de la historia contemporánea andaluza, los dos parlamentarios a los que el honorable Jordi Pujol no daba crédito.
        
         Quiero creer que fue a partir de ese instante cuando el nacionalismo catalán y sus cómplices españolistas se aliaron para depurar a un partido de exclusiva obediencia andaluza, hoy ya desparecido, y borrar toda huella de auténtica raíz andaluza en el ámbito catalán.

         ¿Qué será de aquellos setenta y cuatro mil andaluces? ¿Y de sus hijos? ¿Y de sus nietos?

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