sábado, 5 de septiembre de 2015

PÓRTICO





Se quebraron las mañanas
se puso la noche negra
de suspirar un suspiro.
Mi madre, mujer serena,
miró sin miedo a los cielos,
cerró los puños con fuerza
y sin soltar un gemido
saqué la cabeza fuera.
Hurgaron carne con carne
tirando de mis muñecas
y ni lloré yo al nacer
para que no sufriera ella.

(De la Antología “Donde el viento silba nácar”
de José García Pérez)

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