lunes, 28 de septiembre de 2015

Pierde Artur Mas




La balconada estaba repleta de perdedores de “Juntos por el Sí” por más que ellos y ellas, grandes actores de la política, se autoproclamaban vencedores de los comicios autonómicos catalanes al tiempo que daban gritos de independencia.

         La verdad es que ganaron, pero ni vencieron ni convencieron a los catalanes de que su futuro, el de los catalanes, debe descansar en la endiablaba lista de fantasmas que arropaban a los del 3%.

         Lo que se dice ganar, Ciudadanos y las CUP que pasaron de la “nada” a representar a un buen número de ciudadanos catalanes que se encuentran en los extremos de la sociedad culé: los primeros por no abjurar de su joven españolismo y los otros por ser la auténtica izquierda antisistema, antieuropea y realmente independentista sin brindis al sol.

         Los de Podemos, andando por esa tierra de nadie, ni catalanes ni españoles del todo, aliados con la Izquierda Unida de Cataluña, obtuvieron menos representación parlamentaria que la IU de J. Herrera en las pasadas elecciones, lo que dará árnica a Alberto Garzón para la batalla final a celebrar en diciembre, batalla en la que Mariano Rajoy, solo ante el peligro, será el enemigo a abatir.

         El gigante Obiols, el hombre “fuerte” del PP, no pudo impedir la demonización del partido que representa y al que todos y todas atizaban carbón encendido; a pesar de ello, obtuvo una mínima representación que le permitirá ser sujeto activo en el puzle catalán.

         Artur Mas no tiene asegurada la mayoría absoluta, al igual que le ocurriera a Susana Díaz en Andalucía, porque la CUP le va a negar el pan y la sal, ya lo ha afirmado, en la próxima investidura; y seguramente tampoco se abstendrá por lo que podría ocurrir que Mas diera un paso a atrás y presente a Oriol Junquera como candidato a regir los destinos de Cataluña y del proceso.

         El plebiscito engañoso en que deseaban convertir los hombres y mujeres de Juntos por el Sí estas elecciones autonómicas también se ha ido al traste, pues la suma de los que votaron constitucionalismo ha sido superior a los que se reafirmaron en la ruptura con España.

         Ahora toca tranquilidad y a esperar que Artur Mas mueva ficha y que el inquilino de la Moncloa sepa responderle con la Ley en una mano y la Palabra en la otra.

         Toca esperar uno días, los suficientes para que el batiburrillo y los cantos pasan a un segundo plano, mientras se entierra, políticamente, al señor Lleida.



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